viernes, 17 de septiembre de 2021

LIBRO: "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" MATIAS CASTAGNINO

 










LIBRO: "LA CURA PSICOLOGICA  DE LA  NEUROSIS DE IRINEO  CROPOSKY  (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS)"   MATIAS CASTAGNINO


Pensamientos sobre los perjuicios de una crianza exigente

Existe en mí un temor a un sometimiento por parte de personas específicas, que se ha producido históricamente con jefes a los que he permanecido subordinado, y se repitió con el arquitecto inepto de la obra en mi hogar, con quien se generó una negociación larga en el tiempo. Este miedo consiste en que dichas personas detecten un lado débil mío que se generó por actitudes hostiles en la crianza que tuvieron hacia mí mi madre y mi papá Gustavo. Mi mamá me castigaba haciéndome pasar largas horas en penitencia encerrado en mi dormitorio; o me sobrecargaba con labores en mi hogar. Y hasta que me liberé en mi adolescencia, siempre se terminaba imponiendo la voluntad de ellos y pocas veces la mía, en muchos aspectos. Esto creó un espíritu temeroso y de sometimiento en mí, que es el que debí evitar con esa gente puntual que podía abusarse de esa falencia mía.

Paralelamente generé una posición recurrente en mi infancia de soportar pasivamente situaciones de humillación y sobreexigencias. Por ejemplo el maltrato de mi abuelo Eufemio durante las cenas semanales que hacíamos con mis hermanos en su casa. O los reproches de la granjera de la esquina de mi casa, que me humillaba y se burlaba de mí porque yo compraba productos en otro almacén. Ante estas tolerancias excesivas de mi parte, yo continuaba frecuentando a esa gente y exponiéndome sin ser lo suficientemente digno ni firme. Sin duda estas pasividades sucedían porque junto con mi hermana mayor debíamos cargar demasiadas responsabilidades y labores domésticas que nos endilgaba mi madre.

Paralelamente también sufrí dos situaciones de bulling en mi niñez, y yo le generé una vivencia de este tipo a un compañero, en séptimo grado.

 

La sombra del desprecio de mi padre como trasfondo de mi larga soledad – La desmentida

Existe un espíritu histórico de soledad en mi vida generado por el desprecio de mi padre hacia mí, desde estar yo en el vientre de mi madre, que se expresa con una desmentida o negación de ese profundo dolor. Eso me ha producido refugiarme en actividades solitarias, con costumbres solitarias durante toda mi vida, utilizando el desarrollo intelectual y artístico como excusas y satisfacción sustitutiva del síntoma.

Mi tendencia a ser un “padre fálico” autoexigiéndome estar demasiado presente con mi hijo, obedece al temor a permanecer en esa inercia de soledad que padezco, perjudicándolo con mis ausencias, y condenándome a no salir de esa posición aislada ni con lo más valioso que tengo, que es él. Aquella desmentida del desprecio paterno es la que me llevó a negarme a convivir con varias novias con las que intenté hacerlo, incluyendo a Sofía y a Miguel. Claramente este es un conflicto inconciente que padezco en el orden de lo simbólico que significó la ausencia paterna para mí, ya que cuando lo reencontré en lo real a mi papá, dicha soledad no se desarticuló, ni se generó un vínculo fraterno con él, ya que su corazón continuaba endurecido.

Esta desmentida y síntoma me ha generado una soledad con inercia y constancia desde mi infancia, que se volvió más pesada a partir de mi adolescencia dada la mayor autonomía y responsabilidad que adquirí, haciéndose más notoria al confrontar mis deseos incumplidos con la realidad. Por ejemplo, al no conseguir al día de hoy tener una novia estable, ni lograr la masividad que siempre soñé con mi arte, ni un sentimiento de goce estable.

Conocer a Sofía y buscarlo a David de común acuerdo a los cuatro meses viene al día de hoy a generar un contraste con aquella soledad que yo venía padeciendo desde mucho antes, porque me permite estar acompañado por ellos e interactuar en largos tiempos en los que antes no contaba con nadie, pero si yo no desarticulo este síntoma y desmentida, volveré a posicionarme en ese estado de soledad mayor apenas mi hijo adquiera autonomía y haga su vida.

Encontrar una novia estable es una de las alternativas más sólidas para estar acompañado llegada la instancia de la independencia de mi hijo, pero por supuesto que igualmente puedo sentirme solo junto a cualquier persona del mundo si es que no me curo de la neurosis ocasionada por no aceptar el desprecio de mi padre.

He cometido diferentes errores a lo largo de mi vida por no desarticular la desmentida hacia el desprecio paterno, sobre todo posicionándome como “sujeto supuesto saber” sin escuchar mejor al prójimo. Por ejemplo, al comprar la casa de calle Dulmen en el estado derruído en el que se encontraba, sin consultar con mi madre (que fue quien aportó la mayoría del dinero), ni hacerla participar en la búsqueda tenaz que realicé de inmuebles en mi barrio, y que provocó los múltiples arreglos que necesitó, más la ampliación final que tantos problemas me trajo.

 

Mi autorreferencia en la separación con Sofía. El cariño y ligamen que deseo mantener por siempre con ella

Con la madre de mi hijo y ex pareja, Sofía, existe mi deseo de mantener un vínculo cariñoso y erótico por siempre, de parte mía. Pero a la vez deseo intensamente tener una novia aparte, que me brinde todo el cariño y contención que Sofía no me da. La compatibilidad de estos dos deseos viene a significar la búsqueda de unidad entre la corriente cariñosa y sensual de la libido, que mi madre no supo generar. El cariño limitado que Sofía me brinda es a nivel de padre de nuestro hijo, pero no como pareja.

El desencanto principal que yo siento por todo el proceso de separación con Sofía, en estos tres años y medio, es que yo me siento traicionado por considerar que nunca realicé nada tan grave como para establecer una separación definitiva tal como la planteó ella, mucho menos con un hijo menor. Si bien roces existieron desde el primer momento de la pareja, era plenamente viable la relación viviendo en dos casas separadas, tal como yo lo propuse. Con lo cual, me siento usado por ella, para el solo hecho de buscar un hijo, a propuesta suya, a los cuatro meses de conocernos, aceptando yo sin dudarlo, y sabiendo los dos que la convivencia había fracasado a los primeros meses de conocernos. Pero aún con el obstáculo de nuestro vínculo conflictivo, yo siempre tuve la actitud y fidelidad para formar la familia que anhelé, pero en casas separadas. Considero que no existió mala voluntad mía para intentar convivir, ni mucho menos la intensión de “usarla sólo como madre” a Sofía, ya que probamos dicha convivencia en mi hogar, y fracasó por problemáticas compartidas (sobre todo por discusiones producto de nuestros rasgos de carácter). Lo que a mí me llevó a desconfiar fundamentalmente de ella como para convivir fue: la vida bastante promiscua que tenía previo a conocerme (al punto de encontrarse con un amigo en su departamento a dos meses de estar de novios). Tampoco confié en la viabilidad de su estilo grandemente social y cargado de trabajo. Y finalmente existieron roces y conflictos por su personalidad altamente rivalizante conmigo, producto de su baja autoestima.

Yo padecí desde que nací la falta de continuidad del amor de mi padre, por su separación con mi madre previa al embarazo. Esta disrupción en el vínculo con mi papá, me generó temores, soledad, vacío y es en lo que lucho para que no ocurra con mi hijo, a pesar de mi separación con su madre. Me duele y me da culpa la soledad que se le genera a mi hijo producto de mi parte de responsabilidad en esa separación, y me hace mal que mi hijo se quede con ganas de verme en el mismo día, después de haberlo visitado. También que sea una situación irreversible dada la falta de voluntad de Sofía de posibilitar una reconciliación conmigo, como para poder dormir con David todas las noches, desarticulando el vacío de mi ausencia. Sólo puedo morigerar esto, esforzándome por verlo todos los días.

Con mi nueva novia yo deseo darme la oportunidad de volver a mantener a nivel pareja esa continuidad diaria (al menos en la comunicación) con un vínculo, si bien con mi hijo me comunico todos los días. La situación dolorosa de no poder ver a David todos los días, me deja tiempos de soledad con los que me siento llamado a aprovecharlos al máximo en todo sentido: sea creativamente componiendo canciones, escribiendo, leyendo, difundiendo mi arte, o simplemente cultivando los vínculos sociales. Puedo decir que esta es una misión divina que tengo, junto con otras, como la relación con mi hijo, justamente para superar la historia de mi padre conmigo.

 

Un significado para mi soledad. Mi pulsión de muerte principal

Mi soledad y desarrollo del arte pueden simbolizar el deseo de un vínculo amoroso con mi padre. Prueba de esto es el hecho de que cuando falleció mi papá Gustavo, como referente cercano y sustituto paterno desde mis cuatro años, inmediatamente retomé la actividad artística con la literatura, después de cuatro años de desencanto y abandono de la música y la escritura. O sea que a la falta de contención por la muerte de papá Gustavo, volví a buscarla con el símbolo del arte representando a mi papá biológico Oscar. Asimismo, cuando me avoqué al estudio de la música a mis catorce años, lo hice demasiado obsesivamente y focalizado, aun conviviendo con mi madre, mi padre y mis hermanos. Esto es una clara señal de que inconcientemente yo buscaba resolver un conflicto edípico, amoroso y traumático con mi padre biológico, ya que con mi madre me vinculaba permanentemente y ella me ayudaba en todas mis iniciativas (al menos económicamente).

Paralelamente, desde que tengo memoria acojo el sentimiento de no pertenecer a ningún grupo humano, ausentándome de cada uno de ellos, y aún de mi propio hijo, por necesitar encontrar al padre imaginario y amoroso que me faltó. Este quizás sea uno de mis fantasmas fundamentales: buscar al padre que no tuve. Y esta es una de las razones de mi falta de fe y profundidad en mis sueños: la preocupación de necesitar un padre que me ame. El trabajo de duelo que comencé hace nueve meses con mi psicóloga me lleva a replantearme mi posición desinvolucrada y débil que he sostenido durante muchos años en mi vida, en cuanto a dos áreas fundamentales, que ya comienzan a dar sus buenos frutos, y estas son: el vínculo con mi hijo y mi desempeño laboral en el Ministerio. Este descompromiso histórico está relacionado con identificarme con el desamor de mi padre hacia mí, y también con esa necesidad inconciente de buscarlo. Si bien paralelamente he asumido actitudes de amor y responsabilidad tanto hacia mi hijo como hacia mi trabajo, evidentemente no fueron suficientes, con los correspondientes resultados obtenidos: con respecto a mi hijo, por el retraso madurativo que padece; y en cuanto a mi trabajo, por las malas calificaciones que obtuve. Mi posición es la de ser neutro y ausente en funciones en las que no debería serlo. Esto puede estar vinculado con la postura neurótica obsesiva de retroceder ante el deseo para mantenerlo siempre como imposible. La otra forma en la que manifiesto mi desinvolucramiento es priorizando mis gustos y comodidades, sin ceder más a las necesidades ajenas.

Creo que mi pulsión de muerte principal es la soledad que sostengo históricamente en mi vida como síntoma por el dolor por el desprecio de mi padre. Así fue que nunca me integré bien en ningún grupo, fracasaron mis bandas de música, no resultaron las convivencias con mis ex novias y actualmente estoy separado de la madre de mi hijo sin vivir con él. Puedo hipotetizar que cada mal sentimiento y pensamiento que mi padre ha tenido hacia mí, han conectado espiritualmente conmigo perjudicándome, y produciéndome la soledad que padezco. Es como si toda mi vida fuera un contrapeso a esa oscuridad de mi papá, con las correspondientes pérdidas y obstáculos que sufro por la distancia que estoy obligado a mantener hacia él, para evitar el mal mayor de frecuentarlo, tal como ocurrió entre los años 1998 y 2000 cuando lo reencontré. Pareciera que mi resistencia a su cercanía fuera una disposición de Dios de por vida por su soberbia, para darle la oportunidad a él de convertirse abriendo verdaderamente su corazón hacia mí y hacia mi hermana, cosa que nunca estuvo dispuesto a hacer, como tampoco respecto a mi madre. El punto es no verme perjudicado por esta distancia (o lo menos posible), tal como ni mi hermana ni mi mamá se han visto afectadas a nivel de la soledad que yo cargo, y ni siquiera él, que convive con su mujer desde hace años.

Esta soledad es una constante en mi vida, y he buscado de mantenerla siempre, generando actividades creativas para no aburrirme ni desesperar. Nunca logré sostener una constancia en la relación con ninguna persona, por interponer siempre dicha soledad, ni al menos con mi hijo. Puede que en el fondo de este síntoma exista una desmentida, falta de aceptación por la castración y autorreproches neuróticos ante el dolor por el desprecio de mi padre hacia mí.

La solución para desarticularlo pasa por generar conductas y sentimientos en mi vida, opuestos a la soledad, sin caer en el estado de ansias que a veces también suele afectarme.  

 

Esa angustia que me surge ante el involucramiento en el vínculo con determinadas personas

Claramente todo el trabajo psicoanalítico que vengo desarrollando desde hace nueve meses me llevó a replantearme mi posición ante diferentes vínculos humanos en mi vida; entre ellos la relación con mi hijo, con mi posible nueva novia y con mis compañeros de trabajo. Con mi amado hijo David, me nace la necesidad de frecuentarlo más, con cierto sentimiento de culpa por mi cuota de responsabilidad en la separación con su madre, y las consecuencias que puede traerle mi lejanía, como el retraso madurativo que padece en el habla, o su dificultad para captar las consignas de los profesores e integrarse en los diferentes grupos de compañeros. Este tiempo distante de él también me produce dolor, por ser un hecho irreversible dado el régimen de visitas legal establecido en el convenio de separación. A la vez, si adopto la posición de entregarme más a la relación con personas amadas (por ejemplo mi propio hijo o una novia), siento una angustia que me frena en esa entrega y remite indudablemente a la profunda pena que padecí desde mi nacimiento, por abrir mi corazón repetidas veces hacia mi padre, y recibir desprecio de su parte. Dicha represión de mi entrega ha sido muy notable en mis diferentes noviazgos.

En cuanto a mis ex parejas, sucedió con todas que yo las ubiqué en un lugar de hostilidad hacia mí, despreciándolas, situándome yo a la vez en una posición degradada. Evidentemente con esas conductas yo las estaba identificando con la figura de mi padre, y yo me identificaba con mi mamá, padeciendo la violencia de él. Existió una posición masoquista con esto, pretendiendo devolverle la voz a mi madre, que mi padre pretendió quitarle. Fue el intento inconciente de recibir yo la violencia de mi papá para aliviar a mi mamá, proyectada en mis novias. Y asumir una posición fálica hacia mi mamá, para socorrerla.

A la vez, yo sufro de un rechazo a ser nominado por el deseo de una mujer, como identificación con ese mismo rechazo que mi padre tuvo hacia mi mamá. De ahí mi dificultad para permitir la circulación del falo en pareja, con la consecuente frialdad y desamor de cada una de mis ex novias.

En el vínculo con mi madre ha faltado un mayor “embeleso materno” de ella hacia mí, y claramente diferentes mujeres han detectado esta carencia mía. Desconozco si yo las situé en la posición de que no me admiren, quizás por buscar ese lugar, o si es que ellas fueron desatentas hacia mí por sus propios egoísmos. Pero recuerdo bien que Sofía nunca tuvo ningún reconocimiento a mi creación artística, producto de su rivalidad fálica conmigo.

Todo el desprecio, la rivalidad, falta de cuidado de ella hacia mí, o su narcisismo exagerado, son un peso propio de ella y es inútil pretender cambiarlo. Por el contrario, a ese tiempo y energía debo orientarlo en la nueva novia que estoy buscando. Esta mujer debe generar una posición superadora a mi vínculo con Sofía, también en lo que más me convenga a nivel profesional.

Matías Castagnino 

viernes, 27 de agosto de 2021

LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS) - MATIAS CASTAGNINO

 





















LA CURA PSICOLOGICA  DE LA  NEUROSIS DE IRINEO  CROPOSKY  (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS) - MATIAS CASTAGNINO

Los espíritus negros y preocupaciones que puede dejar la ausencia paterna

 

Existe en mí una creencia asumida de ser “Irineo, el desvalido que perdió a su papá”, manifestada desde muy pequeño en mi vida, y que derivó en una excesiva marca de errores por jefes laborales, y a veces por Gustavo, mi propio papá de crianza.
Esta creencia se manifestó de múltiples formas, y en diversos ámbitos, sin desarrollar determinadas destrezas que el resto de los miembros de los grupos en los que yo estaba, sí ejercían (por ejemplo mis amigos del barrio en la secundaria, o mis compañeros de escuela en la primaria, o los compañeros de trabajo en la actualidad).
Recuerdo que en primer grado yo era el último en copiar la tarea para hacer en casa del pizarrón al cuaderno, al finalizar la clase, yéndose todos mis compañeros y quedándome yo solo en el salón frente a la pizarra, transcribiendo durante largo tiempo los contenidos.
También recuerdo que en el taller de Informática de la escuela primaria, el resto de mis compañeros jugaban con videojuegos avanzados, y yo prefería jugar solo con la “sopa de letras”, que era un juego sencillo, y lo hacía apartado del grupo. Luego, ya durante mi adolescencia, fui malo jugando al fútbol o al truco, a pesar de ser muy querido por mis compañeros.
Lo que me frenó desde niño hasta ahora para sentirme seguro en el desarrollo de diferentes actividades, ponerles fe, e integrarme a los diferentes grupos es el temor a un espíritu de complicaciones, oscuridad, peligros y perjuicios externos, que me genera preocupaciones y miedo, y que ha permanecido reprimido en mi inconciente hasta la actualidad. Claramente dicho espíritu fue creado por el vínculo enfermo que mantenía mi padre con mi familia y conmigo, y si yo no lo reprimía podía derivar en ataques de pánico. Es un estado general de temor y preocupaciones focalizadas en uno o varios problemas reales, que actualmente son: los percances y obstáculos de la obra de ampliación en el ex hogar familiar; y las amenazas de recorte del régimen de visitas mío hacia mi hijo, planteadas por su madre, ante el nuevo convenio de separación. Es exactamente el mismo temor que yo sentía al perderme en el centro de mi ciudad cuando mi madre me enviaba solo a las prácticas de hockey, o el estancamiento y dificultad para avanzar que yo sentía al retrasarme copiando las tareas en la escuela.
Esas preocupaciones y dolor que me dejó la ausencia paterna, o su hostilidad, me llevó a generar un estado de desmentida o negación del desprecio de mi padre hacia mí, manifestado en una tendencia a la anulación del deseo del otro, falta de escucha, etc., y dando como resultado la ruptura con mis ex novias, la conflictividad con mis jefes laborales, el fracaso de mis bandas de música, la falta de iniciativa de diferentes afectos para comunicarse, etc.
 
En la encrucijada de tener un padre al que no se puede acceder

 

La instancia de la compra y ampliación de la casa de calle Dulmen, que le proveí a mi hijo y su madre durante tres años simbolizó mi deseo inconciente de reconciliación con mi padre biológico. Poco antes de buscar el arquitecto que se encargó de dicha ampliación, yo sentí culpa y dudas por haber transcurrido veinte años sin vincularme con él, en el sentido de tener una actitud demasiado soberbia e inflexible, y cierta pena por el hecho de que él muriera con sus setenta y seis años condenando su alma, y yo una parte de la mía en la falta de perdón.
Comprar ese inmueble cerca de mi propio hogar significó querer tener cerca a mi padre, y proveérselo a David y a Sofía fue pedirles inconcientemente auxilio para que me ayudaran en el acercamiento deseado con mi papá. Esa casa funcionó como un ensayo, una prueba de lo que hubiera resultado si yo efectivamente me reencontraba con él, y eso hubieran sido miserias.   
Todos los percances de la obra de ampliación necesaria desde lo racional para que mi hijo gozara de su propio dormitorio, baño y terraza, reflejaron los peligros espirituales y humanos de acercarme nuevamente a mi papá, tal como los había padecido veinte años atrás cuando tomé la iniciativa de buscarlo y vincularme durante dos años y medio. Todo el proceso en torno a ese hogar fue el símbolo del duelo mal hecho por mi alejamiento de mi padre, y una búsqueda indirecta de volver a vincularme con él, comprobando los resultados ruinosos que hubiera acarreado volver a relacionarme. Fue un mecanismo similar al de mi hermana, que es una gran aficionada a la cultura francesa, identificada con mi padre, que también lo es desde joven, como deseo de compartir ese amor con él a pesar de que él cortó el vínculo con ella hace también veinte años. Ella me confesó que después de reencontrarlo, y a pesar de haber tenido un bebé, él se negó a seguir visitándola (y a su nieto), dado que el que debía movilizarse para las visitas era siempre él.
Reparar la vivienda de calle Dulmen, corregirla, sanarla, enmendarla con el apoyo de mi madre, fue símbolo de desear rescatar y reparar a mi padre. A la vez, existe un temor inconciente que yo arrastro de que se produzca el destino fatal de mi padre asesinando a mi madre y a mí. En la obra implicó que hubiese ocurrido la fatalidad del derrumbe que evité con el balcón inferior, pero en el balcón superior. Este miedo a la fatalidad criminal de mi padre cumplida, ha permanecido en la raíz de otras situaciones desesperantes de mi vida, como por ejemplo cuando me perdía solo en el centro de mi ciudad al viajar en colectivo a las prácticas de hockey a las que me enviaba mi madre en mi infancia.
Siento como si Dios me hubiera situado toda mi vida en la encrucijada de tener un padre con el que no me puedo vincular por sus miserias, salvo a costa de caer en abismos profundos. Puso algo que podría haber sido muy bello pero del otro lado de un vidrio, y a quien me privó de acceder toda mi vida. Esta limitación o muro no es gratuita y constituye una de las razones de mi neurosis. Sé que con la distancia hacia mi padre evito un mal mayor, pero tiene un precio, y el resultado es una parte de mi neurosis, mis limitaciones para fluir en los vínculos sociales, de pareja, lograr un goce constante, mayor fe en el arte, etc. También soy conciente de que debo evitar encarar el destino oscuro que podría haber tenido mi padre identificándome: convertirme en el hombre solitario, marginal y miserable que él en gran parte es, a pesar de tener pareja.
Pretender salvar humanamente a otra persona es un acto errado y conlleva pecado. Lo máximo que un sujeto puede hacer por otro es facilitarle los medios para su propia salvación. Yo debo evitar las conductas oblativas o “salvadoras” neuróticas manifestadas hacia diferentes personas o actividades en mi vida, porque sólo me traen ruinas. Este caso de la identificación de mi padre con la casa y mis deseos errados de “salvación” de él, es un claro ejemplo de cómo la posición salvadora trae perjuicios, desgracias, ruinas para quien la adopta.
Si una vez que inscriba la pérdida de mi padre, una vez que realice el trabajo de ligazón / desligazón libidinal puedo ir en búsqueda de objetos sustitutos que conformarán una serie, al igual que el que perdí, entonces debo ser muy cuidadoso de que con dichos objetos no se produzca el mismo espíritu errado de rescatarlos de su ruina humana, tal como me sucedió con toda la suma de percances y desgracias en la compra y obra del hogar familiar fallido. O sea, debo evitar identificar a personas y objetos con mi padre.
Puede suceder también que yo constantemente busque la castración que mi padre biológico me negó, en otras personas, y que a esto lo haya realizado con el arquitecto inepto de la obra. Para este supuesto pude haber realizado una identificación inconciente de él con mi padre. Así, el último pago que le efectué al capataz a cuenta del arquitecto, luego de tironeos porque este último no se presentaba personalmente a cobrarme pudiendo así hacerle yo los reclamos correspondientes por desperfectos y pautas de la obra, me desencadenó en el mismo día punzadas crónicas en el pecho. Esta terminación mala del vínculo contractual pudo simbolizar la despedida definitiva que le hice a mi papá para mediados del año 2000, hace veintiun años, en la que lo eché de mi departamento cuando vino a buscarme violentamente, significando el fracaso de todo el período de dos años y medio de acercamiento mío hacia él, con todas las ruinas que me produjo.
Casualmente la angustia con llantos que padecí durante los tres meses de parate de la obra, en los que decidí frenar la ejecución debido al estrés y el trastorno de ansiedad que me trajo, desapareció con el reinicio de la construcción con el nuevo arquitecto, quizás por identificarlo a él con la reconciliación que me hubiera gustado con mi padre biológico, o también con la protección que me brindó mi papá de crianza, Gustavo, en vida, frente a mi padre biológico, identificando a este último con el arquitecto negligente. Yo nunca sufrí con ningún hombre una desvinculación tan conflictiva como con este arquitecto, más que con mi papá Oscar, generando este hombre una situación de pegoteo bastante intensa, que es la que yo siempre temí que se produjera con mi padre al quitarle mi madre la patria potestad y la posibilidad de cercanía: yo tuve miedo siendo muy pequeño de que mi padre continuara siempre acechándonos y hostigando a mi familia, cosa que gracias a Dios no ocurrió.
Otra identificación intensa de mi padre con otro hombre, que me trajo malas consecuencias, fue la que hice con un ex jefe de Sección en mi trabajo anterior, durante cinco años. Esto desembocó en verme obligado a ponerle múltiples límites a este hombre, por tendencias que tenía a sobrecargarme con trabajo y control, estando situado mi escritorio muy cerca, a un lado del suyo. Todo con discusiones mediante, y malas calificaciones que él me realizó. Por eso es importante saber mantener distancias y reservas con hombres a los que puedo llegar a identificar con mi padre, sobre todo en relaciones de subordinación mías (como en el caso de los jefes laborales), o de negocios o emprendimientos que impliquen una continua vinculación prolongada (como en el caso de la obra).
Más allá de desear una reconciliación con mi padre poco antes de contratar al arquitecto y comenzar la obra, y de haber realizado una identificación inconciente entre ellos, también es cierto que la propia imprudencia de este hombre lo hizo posicionarse solo en el lugar de enemigo mío, proveedor de ruinas, como realmente lo fue, sin poder detectarlo bien yo antes. Seguramente, si hubiera comenzado a construir con el nuevo arquitecto con quien yo ya había trabajado, la mayoría de percances de la obra no hubieran ocurrido.
El reencuentro con mi padre desestabilizó la función paterna porque él no tuvo el amor ni la voluntad de cumplirla. De ahí los síntomas cercanos a la psicosis que me produjo la vinculación: es sabido que las fallas en la metáfora paterna o el “nombre del padre” provocan psicosis.
 
El desanudamiento de mis dones sociales liderando grupos y obteniendo ingresos económicos con mis diferentes proyectos

 

La competencia profesional con mi ex novia Melania Rodriguez fue la causa principal para empezar la carrera de Economía, por sus avances en Medicina y mi estancamiento con la música. Esta competencia se reactualizó con Sofía ante sus múltiples proyectos y movimientos sociales académicos con la docencia y la investigación, pero mi atasco con el arte continúa al día de hoy, y me produce frustración no sólo por la falta de ingresos económicos, sino también por la escases de vínculos sociales con que lo desarrollo.
Con la carrera de Economía obtuve buenos beneficios secundarios, como el cobro mensual del título en mi trabajo, o con los buenos posicionamientos que logré en diferentes oficinas hasta llegar a la Sección actual, donde mis labores son livianas y me permite una amplia calidad de vida gozando de la crianza de mi hijo y de la creación artística. Pero a mi sueño principal de ejercer la Economía en forma privada obteniendo ingresos extra no lo logré. Una de las causas por las que rechacé la convivencia con Sofía en mi hogar fue que yo no tolero una mujer con alto vuelo social y laboral bajo condiciones que pueda beneficiarse por mis medios (por ejemplo proveyendo yo la vivienda y asistiendo demasiado en la crianza de mi hijo). Y esto como proyección de la figura de mi madre en mis parejas, con el rechazo a la absorción que ella hizo de mi padre hasta anularlo en muchos aspectos, como en lo laboral.
Asimismo soy conciente de que aun obteniendo ingresos económicos solitariamente con mi oficio de artista, o dictando clases particulares de ciencias, yo no estaría del todo satisfecho porque también deseo compartir tiempos con gente y liderar grupos: interactuar con otros en los procesos creativos y en su exposición, con constancia. Por eso mi ideal creativo es poder realizar shows y proyectos culturales rentados para compartir con otros artistas. Con el estudio de la psicología que comencé hace nueve años descubrí una ciencia que renovó mi amor por el conocimiento y me permitió resolver varios deseos importantes en un solo movimiento. Primero que nada, estudiando esta ciencia facilité y consolidé el proceso de cura de mi neurosis. En segundo lugar logré aprovechar artísticamente toda esa incorporación teórica llevándola a textos y poesías editadas en mis libros, y a las letras de mis canciones grabadas y difundidas en mis shows. Sólo me queda pendiente formalizar estos contenidos investigativos en marcos académicos y universitarios a los que al día de hoy no tengo acceso, por no contar con un título docente ni especializado en psicología, y por no poder dictar clases. Con lo cual no tengo a mi alcance la participación en grupos de estudio, congresos, seminarios, jornadas, etc.
 
Impresiones sobre la castración y la nominación simbólica
Todo lo relativo al concepto de “castración psicológica”, al menos desde el punto de vista religioso, tiene que ver con la humildad y la aceptación. Mi duelo mal hecho por la pérdida de mi padre como objeto de amor esconde un rechazo a ser castrado aceptando yo esa pérdida. Y resistirme a ser valorado por mis ex novias significó posicionarme en el lugar de “niño despreciable” al que pretendió reducirme mi padre, y a veces mi madre, identificándome con esa idea, y no asumiendo la castración del dolor de ser degradado por los propios padres, en el caso de mi madre al día de hoy.
Claramente las somatizaciones de mis síntomas de las punzadas en el pecho son la manifestación del recuerdo doloroso de ese desprecio paterno y materno, y la falta de aceptación de esa castración.
El “sinthom” o cuarto nudo borromeo en la teoría de Lacan, funciona como “nombre del padre”, o sea actividades que fortalecen o reemplazan la función paterna en un sujeto. Mi padre biológico me privó de la “nominación simbólica” desde niño al no asumir su posición paterna y ser hostil hacia mi madre; o sea nombrarme a mí y a todas las cosas. A esta nominación me la enseñó mi madre, mi papá de crianza Gustavo, y toda otra suma de personas de las que aprendí en mi vida.

En mí coexisten y luchan dos fuerzas en forma constante. Estas son: todo el amor y solidez de la crianza de mi madre y mi papá Gustavo, y contraponiéndose, los temores y sombras del desprecio de mi padre biológico. Ir más allá de mi padre, para mí, es criar con amor e integridad a mi hijo, ya que es lo que él nunca hizo conmigo. Y a esto lo realizo gozosamente y sin culpas.

Matías Castagnino  

martes, 17 de agosto de 2021

COMPILACION DE POESIAS DE LOS LIBROS "LIBREPENSADOR", "MEMENTO MORI" Y "A LA HUMANIDAD LE QUEDAN 600 AÑOS" - MATIAS CASTAGNINO









LA TRANSITORIEDAD

Que basemos la importancia del amor en el pilar de la

transitoriedad de todo en la vida, no significa andar llenando

de vacuidad, sin sentido, ni de una nada vacía como telón de fondo a

todos los movimientos nuestros.

Ninguna emoción bondadosa se pierde en los tejidos del universo,

como ninguna energía se elimina en la naturaleza.

Y por encima del vacío, el divino paraíso en el que elegimos creer.

Sostienen algunas corrientes psicológicas como la escuela de Lacan,

que detrás de la figura del padre y de la madre no hay nada,

que son funciones que cualquier otra persona puede cumplir,

y que yendo a buscarlos a su tumba aún después de muertos,

los cajones estarían vacíos. Lo mismo predican en cuanto a

“la relación sexual”: sería una ilusión que exista un verdadero ligamen

con el otro y mucho menos la complementariedad de la “media naranja”.

 

Estas falacias podrían hacerse extensivas a cantidad de manifestaciones

de los múltiples quehaceres y disciplinas humanas: también el

arte podría suponerse algo vacío y despersonalizado del artista

que lo produce, o las iglesias como simples espacios para

el sostenimiento de mitos. Incluso montones de los males que

atormentan al hombre desde que habita la tierra pueden pensarse

como fantasías oscuras producto de su imaginación, pero que

pueden llegar a producir consecuencias bien reales.

 

Los aventurados sofistas y defensores de la estructura psicológica

pasan completamente por alto el plano real de la energía,

su interacción y efectos sobre el mundo físico, y el hecho

incuestionable de que dichas energías pueden crearse,

medirse, traspasarse hacia el mismo sujeto o hacia el prójimo,

no sólo desde la propia psiquis humana sino también desde planos

superiores. Sólo que la ciencia y la tecnología no pueden dominarlas

bien al día de hoy.-

Matías Castagnino


VIRGINALMENTE

En el lobby del hotel

fue el encuentro agazapado de la tarde.

Yo traía un beso encadenado entre mis labios

y la llave de ese beso aguardaba en su boca eterna

de las mil palabras.

 

Réplica de un terremoto contenido

-¿por qué no ahora?- me susurró suave.

La idea aquella que quita el sueño

sin más tentación que esos muslos.

Acaso resplandeciente

el infierno de Dante abrió las puertas

y su piel veinteañera era tan tirante

que podías cortarla con un papel.

 

Ahora pareciera que amo más su nombre

que a ella misma

las letras de su nombre nomás.

Perdida que fuera la estrechez esa

estará más cerca mío

que la vena yugular.

Virginalmente mi batalla ganada en tus tierras

y mi alma inconquistable.

Si lo que dice la Biblia es cierto

hace tiempo que estoy perdido,

pero sin ti Maritzia, sin ti.-

Matías Castagnino


TUS ENOJOS Y LOS CARCELEROS

He visto casamientos

de improvisto desistidos como espasmos.

A los bravucones más ásperos

contemplé empapando los pañuelos.

Traté de adivinar

el rumbo del poema,

y aun la tormenta suave

anuncia sensata su llegada.

A la transpiración de la traición

puedo olerla desde lejos,

pero nunca, nunca

me explicaré el misterio

de tus enojos repentinos.

 

El vicio de acumular información

hoy es lo que el viento se llevó.

Del sentido del humor

me enseñaste el sentido arte.

Ya no suelo regalar

los libros sin dedicatoria

ni evitar ciertos tiempos perdidos

por el yugo de la usura digitada.

La melancolía

por el cambio de estaciones

puede ser garrapiñada.

Veré caer las guerras

y al planeta rotar al revés,

Pero jamás, jamás

comprenderé la miseria

de los carceleros que coagulan.-

Matías Castagnino


TU NEUROSIS OBSESIVA

Será que esa neurosis obsesiva son mecanismos psicológicos

de defensa ante los impulsos libidinosos edípicos no resueltos

de pretender enamorarte de tu madre.

Y parece que esos impulsos pueden presentarse en la necesidad

de cercanía con tu madre, o una distancia represora que igualmente

sería contraproducente. Sólo se trata de significar la falta en uno

mismo.

En cada rechazo de tu madre a tu cercanía y búsqueda de cariño,

fuiste generando durezas en tu corazón que te llevaron a defenderte

de esos impulsos libidinosos tan necesarios, reprimiéndolos en tu

aislamiento, al que siempre lo encausaste creativamente, con actividades

intelectuales o manuales.

 

El niño trata de ser el objeto que, según él, le falta a la madre. El nombre

de este objeto es “falo”. Puede querer decir que uno se convierta en

un chico brillante y seductor, o en alguien muerto, según cuál sea

la forma que más parezca interesarle a la madre. Ser el “falo” alude

a una posición imaginaria.

La operación paterna consiste en destruir este juego con la madre,

en significar que el falo que el niño anhela encarnar se ha perdido,

está fuera de su alcance, falta, es imposible…El falo, para ambos

sexos, es algo perdido. Esto es la castración: la renuncia a la

permanente tentativa de ser el falo para la madre. Los neuróticos,

por desgracia, no se resignan a esta renuncia.

 

El fantasma neurótico identifica el falo simbólico (o significante

del goce) con la “demanda del otro”. En vez de existir una falta

en el otro (que sería el “objeto causa del deseo”), hay un pedido

del otro. Es decir que la estrategia del neurótico consiste en

sustituir el “objeto causa del deseo” por la demanda; el deseo

del otro por su demanda. La estrategia neurótica consiste en

plantear una demanda como posible de satisfacer. El fracaso de

esta estrategia y la aparición del “objeto causa del deseo”, hará

perder al fantasma neurótico su función de enmascarar la angustia.

La neurosis es inseparable de una huida ante el deseo del padre o

de la madre, que el sujeto reemplaza por su demanda.

 

El obsesivo oculta la angustia acentuando lo imposible de su

desvanecimiento como sujeto, con la fortaleza de su yo. El

neurótico se aferra a la castración imaginaria, por la pérdida de

goce, ya que es la condición de la fortaleza de su imagen. Pero

ocurre que lo no visible hace de la imagen –en primer lugar la

propia- una imagen deseada, precisamente porque ésta adquiere

la función de velar lo que falta. Entonces el yo del obsesivo

encubre su castración imaginaria a la que se aferra para no

desvanecerse. Sin la función de la pérdida del goce, sostén de

la imagen narcisista, el neurótico –no sólo el obsesivo- se encontraría

realmente a merced del goce del otro, sin ninguna posibilidad

de reconocerse.-

Matías Castagnino 

 

TU CAMINO NO ES CARGA

La permanente iridiscencia de la búsqueda

en el pecho. Fue señal de que el ángel

sobrevolaba la pequeña pluma blanca caída

a mis pies. Tu camino no es el peso de una

cruz indiferentemente frívola en el fango

del mercado digitado, a la sombra del

declive de la aurora.

 

Si sientes peso adentro de ti, te apartas

del camino. Sé alegría y humildad constante.

El fuego es alegre; lo líquido pesa.

El sendero no carga lastres del presunto

sacrificio en martirios, y sin embargo no es

una alfombra de plumas irresponsables.

Consúmete o inmólate bellamente en la

suavísima plegaria que pulveriza a cierto ego.-

Matías Castagnino