miércoles, 5 de mayo de 2021

Libro: "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO


El proceso de mis fracasos en las convivencias con mis diferentes novias

El fracaso de las convivencia con Sofía y algunas ex novias, funciona como satisfacción sustitutiva de mis síntomas por volcar mi libido a otros objetos que no han sido esas novias (como la música, la lectura, la escritura), dado que mi deseo también fue y es estar acompañado por una mujer.

En el caso puntual de Sofía ocurrió que yo comencé desconfiado el vínculo con ella, porque tenía tendencias promiscuas y de mucho vínculo con hombres, que no me gustaba ni sintonizaba conmigo. Así y todo, intentamos convivir y las conflictividades de ambos generaron caos y disputas que no permitieron dicha convivencia. Por ejemplo, sus ataques de celos violentos, como cuando me tiró los libros creyendo que yo la estaba engañando por el teléfono celular. O su paranoia de que yo la engañaba con su compañera de trabajo, etc.

A ella siempre le molestó la castración que yo le apliqué para que corte con esas amistades con hombres, o para que disminuya su actividad laboral excesiva. Por ejemplo quedándose los viernes hasta tarde en la Facultad, o atendiendo consultas de alumnos en las redes, hasta altas horas. Dicha castración, entre otras cosas, le provocaron reacciones violentas que imposibilitaron la convivencia conmigo, a pesar de que asumió mis demandas y se limitó.

Por mi lado, en la raíz de mis traumas de la infancia, han quedado inscriptas las creencias de:

1)   1) El temor a la violencia de mi padre, y que me asesine a mí y a mi familia

2)   2)  Estas creencias son las que me afectaron en general en todos los vínculos humanos, incluyendo las relaciones de pareja, y me obstaculizaron tanto en el noviazgo con Sofía, como en los anteriores.

A pesar de todas estas problemáticas mutuas, decidimos buscar a nuestro hijo David a los cuatro meses de conocernos, y lamentablemente la conflictividad continuó durante el embarazo. Siguió posteriormente al nacimiento de él e incluso aumentó hasta el momento de la firma del primer convenio de separación. Luego de este convenio, y reduciendo mi tiempo y noches compartidas con mi hijo y ella (de dormir todas las noches de la semana pasé a hacerlo solamente una, en mi hogar), la conflictividad bajó notablemente.

Dadas las dificultades mías y las propias de diferentes mujeres para encarar una convivencia, yo decidí no buscar más esa instancia, al menos en forma completa. Yo no tolero determinados ritmos y costumbres de algunas mujeres en mi propio hogar, y forzarlos puede provocar violencias y frustraciones, como en el caso de Sofía, Melania y Xiomara.

 

Acerca de mi posición masoquista con algunos jefes laborales

_Mi fantasma fundamental está vinculado con denunciar el trauma de la violencia de mi padre y su falta de amor hacia mí y mi familia. Esconde la frase dolorosa: “mi padre me quiere asesinar, a mí, a mi mamá y a mi hermana, y nos desprecia”.

_El lugar del sujeto en todo fantasma es proponerse como objeto para el goce del padre (por ejemplo en el texto de Freud “Pegan a un niño”).

_En mi caso, mi posición masoquista frente a distintos jefes o figuras de autoridad, es también un modo de poder controlar al Otro, de mantenerlo pendiente para poner a resguardo la “Castración Imaginaria del Otro”, suponiendo lo que ese Otro verdaderamente desea, pensándolo vacío, pretendiendo devolverle su goce perdido, su objeto faltante en tanto castrado.

_Y para “llenar al Otro” y devolverle su goce, el masoquista pone a la madre como Otro. “Ser oído por el Otro”, convertirse en voz, se resume en devolver la voz a la madre, por no haberla escuchado del lado del padre.

_A esa negativa mía a aceptar la Castración imaginaria del Otro (o sostenerla), no solamente la ejerzo hacia jefes, sino también hacia amigos, novias, compañeros de trabajo, mi madre, hermanos, etc.

Básicamente, lo que estaría haciendo en forma inconciente es devolverle la voz a mi mamá, de la que fue privada por la violencia y desamor de mi padre.

_Para todo masoquista se trata de transformarse en la voz, pero mediante la sutil estrategia de darle la palabra a quien le pega. Es un pedagogo que educa a su victimario, dictándole en voz baja las palabras que se le deben dirigir a él.

_Con los jefes laborales y determinados amigos realicé una gran identificación con la figura de mi padre, para devolverle la voz que le faltó a mi mamá. “Hacerme oír” o “hacerme ver” por determinadas personas, fue reclamar inconcientemente el lugar y amor que le faltó a mi mamá por parte de mi papá.

Es como si yo buscara que esos jefes defiendan a mi madre, por lo mucho que mi padre la denigraba; como pedir auxilio ante los peligros que corría mi madre, y su sufrimiento.

_Si permanecer orando en los grupos es una estrategia masoquista para darle la palabra a mis jefes, en esos mensajes amorosos, voces, preguntas, que mi padre no tuvo hacia mi madre, toda mi dinámica y función grupal se vuelve errada por sostener esa perversión; obstaculizando mi vínculo sano con jefes y compañeros (esos silencios míos obstruyen la comunicación).

 

Las identificaciones con los propios padres, y la identificación que una madre hace del propio hijo con el padre

 

Existe en mí una identificación con el ser despreciable que yo siento que es mi padre biológico, y yo punzo a determinadas personas para que sientan por mí el mismo desprecio que yo siento por él. Por ejemplo, a mi hijo, a mis parejas, etc.

Dicha identificación es altamente nociva para mí, porque me produce peores resultados que los que mi padre obtiene en su propia vida. Por ejemplo: él tiene una pareja estable desde hace mucho tiempo y yo no. El también mantiene vínculos fluidos con sus hermanos, y yo no consigo eso.

Detrás de esa identificación existe un Complejo de Edipo invertido mío hacia él, en el sentido de querer parecerme a él para lograr su amor, protección, complicidad; o sea todos los procesos y tiempos del mismo Complejo que él no permitió.

Yo necesito identificarme a mi papá, para obtener esos logros y vínculos que él mantiene, o sea cumplir el tercer tiempo del Edipo, de poder ser hombre.

Lo que me faltó fue hacer un buen duelo por el corte del vínculo con mi papá, para no identificarme con él, aparte de la identificación inconciente que mi madre me ha hecho con él.

Mi madre me identificó históricamente al lado miserable de mi propio padre, generando una posición de desprecio hacia mí, que yo asumí como propia en muchos aspectos. Por ejemplo siendo yo autoritario y despreciando a mis ex novias, llevándolas a que ellas endurecieran su corazón hacia mí y no se interesaran, tal como lo hace mi mamá.

En toda la suma de ayudas materiales de mi mamá, existe la buena intensión de reparar la ignorancia de ese mecanismo inconciente de identificación y desprecio que ella tiene hacia mí, y el pedido inconciente mío de que abra su corazón y deje de degradarme a esa posición indigna. Mucha de la sobreexigencia de mi superyó a lo largo de mi vida fue por liberarme de ese mecanismo degradador de ella.

Aparte de la tendencia de mi madre a identificarme con mi padre para degradarme, también existe un desprecio general de mi madre hacia mí y mis hermanos con sus críticas y órdenes, producto del desprecio de mi abuela hacia ella. Ella está altamente identificada con el carácter de mi abuela y realiza el destino de la pulsión del “trastorno hacia lo contrario” ubicándose activamente ante el desamor que sufrió en forma pasiva.

En la falta de cesión de mi hogar de calle Amenábar a mi hijo y su madre después de la separación, puede existir, entre otras causas,  una identificación con el desprecio que yo sufrí por parte de mi padre, dándoles un lugar peor que dicha casa para que vivan. A mí no me inspiraba confianza Sofía como para cederle mi hogar de soltero que yo venía habitando desde hacía años, porque desde que la conocí ella tenía vínculos confianzudos con varios hombres, e incluso le descubrí costumbres promiscuas con varios otros hombres más, previo a comenzar nuestro noviazgo. Y teniendo un hijo menor, se me hacía imposible desalojarla para el caso de que introdujera a cualquier hombre en mi hogar. Esto significaba un peligro para mi hijo, y una degradación total hacia mí, que me hubiera despojado no sólo de mi bien material más valioso (mi propio hogar), sino también de mi posición y autoridad paterna hacia David.

Una parte del rencor que Sofía guarda hacia mí, y su negativa a convivir, más los obstáculos que pone en el vínculo entre mi hijo y yo, obedecen a ese sentimiento de decepción que ella siente hacia mí por no haberles proveído un mejor hogar, pero fundamentalmente por haberse sentido echada junto a David, de mi hogar de calle Amenábar.

Le desconfianza inicial que yo tuve hacia Sofía al momento de buscar tener a nuestro hijo, fue porque ella ya no sentía verdadero amor por mí, y el embarazo fue como la “última chance” que ella vio en mí, pero más como deseo suyo narcisista de ser una “madre soltera”, que para recomponer la pareja. Al punto de que siempre se negó a reintentar una convivencia, a pesar de mi comodidad y ciertos egoísmos o negativas a compartir más. Esta también fue una razón fundamental por la que no le cedí mi hogar familiar al separarnos.

La causa psicológica de mis punzadas en el pecho fue la falta de apoyo materno mayor a lo largo de mi vida. A esto lo compruebo porque en todo el proceso de la obra de ampliación del ex hogar familiar con todos sus percances, en la medida en la que me fui abriendo a mi madre, haciéndola participar, consultándola y buscando un vínculo más afectuoso, dichas punzadas desaparecieron completamente. 

 

La dificultad para profundizar los vínculos sociales

La angustia y negación que yo siento para abrirme y ceder mi tiempo a vínculos humanos profundos, es producto de haber deseado dicha apertura con mi padre biológico y no haberla conseguido. Esta negativa es la que no me permite echar raíces con esos vínculos, que no tomen la iniciativa para comunicarse conmigo, que no me duren las parejas, etc.

Recién con mi hijo David llegué al punto de inflexión de revertir paulatinamente esa falta de involucramiento mía, y es con ese vínculo que me siento abandonado, solo y teniendo que apoyarme en él para evitar mi soledad.

A la vez, la ruptura con Sofía también fue un punto de inflexión para comprender que yo no me involucraba con mis ex novias por proyectar la cercanía nociva de mi padre en ellas, por asumir la posición de “niño despreciable” a la que me degradó mi papá, por sentir la presión de mi superyó ante el peligro y preocupación que significaban los acercamientos de mi padre, y por proyectar la necesidad de un mayor afecto materno que nunca tuve.

LIBRO "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO


 

La identificación con la figura del padre, el “trastorno hacia lo contrario”, la “posición fálica” y la cosificación del otro

_Muchos de mis alejamientos del prójimo y de mi aislamiento son producto de pretender vengar el desinterés y frialdad de mi padre hacia mí, haciéndoselo padecer al prójimo. Esto es producto del destino de la pulsión del “trastorno hacia lo contrario”.

Existiría una identificación con mi padre, y a la vez un ánimo de venganza, que puede ocultar un “Edipo invertido” mío hacia mi padre, con la búsqueda de un goce sádico, haciéndole sufrir la soledad y la traición al amor y esperanza en el vínculo, al otro.

Dado el sadismo que mi padre tenía, puede existir en mí el fantasma de “pegan a un niño”, en el deseo inconciente de ser pegado por mi padre, degradado por regresión del deseo de ser amado por mi padre. Existe el deseo sádico en mí de hacerle padecer al prójimo todo el desinterés y abandono de mi padre, proyectando la figura de él en el otro.

_Mi aislamiento y negaciones en general, son producto de tres conductas:

1)   El temor a ser asesinado por mi padre

 

2)   La lucha por no ocupar la posición fálica con mi madre, repitiendo con susceptibilidad el rechazo a “ser gozado” por el otro

 

3)   Mi identificación con “el niño despreciable” que mi papá sintió que yo era, y con la conducta de “hacerme echar” que él tuvo hacia mi familia.

_La lucha exagerada por no ocupar la posición fálica, es mi mayor obstáculo para formar una pareja estable. Mis inflexibilidades y resistencia a ser gozado por mi pareja, me llevan a pretender gozar yo en extremo de ellas, ubicándolas en la posición de un objeto.

_En este ánimo de cosificar al otro para gozar de él sin peligros, se esconde mi deseo inconciente de inmovilizar a mi padre violento, golpeador de mi madre y ausente, para poder gozar de él o contenerlo, algo que nunca pude hacer.

También este ánimo de cosificar al otro puede esconder una pulsión sadomasoquista de “ser yo pegado” por mi padre, degradada por regresión en el deseo de “ser yo amado” por mi padre. Es el fantasma del texto de Freud “Pegan a un niño”.

A este fantasma de inmovilizar al otro también lo hago presente en los grupos, generando un vacío, saliéndome de las escenas de interacción.

Mi posición de “observador ausente de las escenas grupales, evitador de la interacción”, también puede deberse a haber sido espectador del sometimiento y violencia de mi padre hacia mi madre, y el espanto ante ese sadismo de mi padre.

Ante esa violencia, yo evitaba “ser visto” por mi padre, para resguardarme y sobrevivir, no constituyéndome así como sujeto, en el tercer tiempo de la pulsión escópica (ser visto). El espanto de esas escenas y trauma me hicieron sostener la fantasía de la actualidad de ese peligro, y de que es algo de lo que aún debo protegerme, aislándome socialmente y negando ese dolor.

 

La falta de unidad entre la corriente sensual y la corriente tierna de la libido por la madre

Según Freud, en las neurosis existe un conflicto para reunir la corriente sensual con la corriente tierna de la libido, o entre el goce degradante (sucio) y el goce idealizado, o entre la castración y el narcicismo.

Los rechazos de mi madre para el cariño cercano, su falta de juego y mayor dedicación de tiempo con exclusividad hacia mí, produjo que no se desarrollara normalmente mi libido, afectando la unidad de su corriente sensual con la corriente tierna.

Esto sumado a hostilidades diversas en mi crianza. Por ejemplo los retos o golpes que a veces me daba, las largas penitencias encerrado en mi dormitorio, las altas exigencias en hábitos de conducta (como todas las “normas para comer educadamente”, o el no poder levantarme de la mesa hasta terminar algunas comidas que me eran desagradables, o el exceso de labores domésticas, etc.)

Toda esta falta de afecto por parte de mi madre activó mi neurosis desde niño, y sumada a la represión natural del incesto, me agregó represiones e inhibiciones mayores.

La escases de esa corriente tierna de la libido también me produce la hostilidad, dureza, falta de aceptación del deseo de mis parejas, con las correspondientes rupturas.

Puede que yo haya provocado una regresión mayor que la normal de mi libido hacia mis objetos de juego y hacia mis fantasías, generando así mi neurosis, con una mayor intensidad, producto de no contar con la ternura de mi madre para volcarla en ella. Y provocando así una creación intelectual solitaria excesiva y sintomática.

A todo este duelo, sumado al duelo inconcluso por los traumas generados por mi padre biológico, me encuentro teniendo que resolverlo tardíamente ahora en mi adultez, con el psicoanálisis.

Mi madre obstaculizó aquella ternura en el vínculo conmigo desde mis tres años en adelante, desde que conoció a mi papá de crianza. Para esa edad, no sólo dejó de realizar juegos conmigo, sino que también rechazaba mis acercamientos cariñosos. Pocos años después, a esos rechazos los manifestaba con órdenes y labores domésticas, tal como en la actualidad a sus represiones expulsivas las manifiesta con críticas y órdenes abundantes.

Esos rechazos produjeron dolor en mí, con la sensación de desamparo y afectando mi autoestima. Y si comenzaba a generarse un trato tierno, ella se encargaba de que no durase mucho.

Esta puede ser una de las causas por las que yo siento que un vínculo armonioso y amoroso no puede durar mucho con mis parejas, y al poco tiempo de la relación, aflora mi superyó con conflictos, como una identificación con el superyó duro de mi madre.

Yo experimento también una represión a mi ternura en el vínculo actual con mi hijo, retándolo a veces injustificadamente después de jugar armoniosamente con él, también como identificación con el bloqueo de la ternura de mi madre.

Por ocupar durante muchos años una posición fálica a la cual me reducía mi mamá, con sus excesos de órdenes e imponiendo su deseo, yo tengo muchas dificultades para aceptar el deseo del otro, en general, con todo el mundo. Debo ejercitar mucho la aceptación del deseo del otro, ya que esta es una de las causas de mayor conflictividad y obstáculos en mi vida. Por ejemplo, con mi hijo, parejas, compañeros de trabajo, etc.

Con mi hijo David, acompañarlo en actividades y propuestas suyas donde manifiesta su deseo, me abre cantidad de confianza y logro de múltiples conductas buenas por parte de él. Por ejemplo, el discernimiento para hacer caca en la pelela lo generó después de que yo imprimí su distintivo de la escuela (que su madre me reclamó con insistencia), y todo en el mismo día en el que también accedí a cenar con él en la cama, que es su territorio de juego, y al cual yo me venía negando desde siempre.

 

Acerca del “Fantasma fundamental” y la dificultad para aceptar el deseo del otro

_En la raíz de mis traumas de la infancia, ha quedado inscripta la creencia de ser yo “Irineo, el niño despreciable que merece ser abandonado”, por todo el desprecio que ejerció mi padre biológico sobre mí, mi mamá y mi hermana.

Esta falsa creencia del “Irineo despreciable” es parte de mi fantasma fundamental, sumado a que aparte de ser despreciable en la posición en la que me puso mi padre, también él podía asesinarme. Este temor a ser asesinado por mi padre, también puede ser parte de dicho fantasma.

Dicha creencia me afectó en general durante toda mi vida, mis vínculos, mis proyectos y sueños; perjudicando mi autoestima, mis relaciones de pareja y el vínculo y crianza de mi hijo. Al ser degradado como objeto de amor por mi padre, también degradé yo a mis seres queridos, vínculos y proyectos. Por ejemplo las convivencias que no me funcionaron; o no cuidar más a mi hijo sin prepararle mamaderas, cambiarle los pañales ni calmarlo de noche apenas nación, etc.

En cuanto a las convivencias frustradas, esta degradación de autodesprecio se manifestó siempre teniendo que permanecer en soledad total, por lo que yo me encargué inconcientemente de expulsar a cada ex novia con mis conductas.

El sentimiento de fondo mío puede haber sido la culpa y los autorreproches neurótico obsesivos, como consecuencia de esa falsa creencia destructiva, generada en mí por mi padre.

El “deseo prohibido obsesivo” mío, que le hago sostener al otro en general, puede ser la creencia contraria al “Matías despreciable” que me cargó mi padre; o sea el “Matías digno de amor, que puede corresponder los vínculos amorosos, la amistad, la flexibilidad, ponerse en el lugar del otro, etc.”

Dicha creencia de ser un sujeto despreciable funciona como mi fantasma fundamental, porque este surge cuando el niño interpreta el deseo de los padres, y claramente el deseo de mi papá fue de desprecio hacia mí, aún estando yo en el vientre de mi madre. También a mi mamá pretendió reducirla a esa posición de “mujer despreciable”, pero fracasó con ambos.

Así, mi “marco de la realidad” o manera de ver el mundo fue esa posición de “niño despreciable y abandonado”, que mi padre sintió hacia mí.

El atravesamiento de este fantasma va a implicar desarticularlo con conductas contrarias, reordenando mis defensas y modificando mi relación con el goce. También implica saber sobrellevar creativamente mi sinthome; la caída del “sujeto supuesto saber”; tener un “deseo advertido” para evitar peligros, repeticiones, etc. Y requiere un cambio en la interpretación que hice desde niño del deseo del otro. 

_En relación a mi fantasma fundamental “temor a ser asesinado por mi padre”, también mi madre generó su deseo y conductas protectorias hacia mí; y en base a mi interpretación de esos deseos y conductas, es que yo construí mi fantasma.

Como el fantasma tiene una función defensiva y está asimilado a la “detención en la imagen”, es un modo de impedir que surja un episodio traumático, y ese episodio es el “temor a ser asesinado por mi padre”. La imagen propia en la que me detengo es la de aislarme y atrincherarme para salvar mi vida, negando el horror de la violencia que mi padre ejercía sobre mi madre. Siendo también esa imagen coagulada un modo de defensa contra la castración. Esto genera mis conductas sintomáticas de la acumulación (de información, canciones, libros, etc.), en soledad, y produciendo el “gasto inútil neurótico”, por la falta de salida suficiente de toda esa energía.

Mi fantasma actúa en base a sostener el discurso del “temor a ser asesinado por mi padre” (discurso que también sostuvo mi madre), y en todos mis vínculos humanos yo interpongo dicho discurso. Por ejemplo: en determinados aislamientos, reclamos y exigencias obsesivas hacia mis parejas, yo les estaba diciendo inconcientemente que mi padre podría asesinarme, producto de su violencia y alcoholismo, que necesitaba protección, que no alcanzaba con su compañía y que yo no podía quedarme tranquilo ante ese peligro.

Sostener ese discurso fantasmático es también lo que me corta la amistad con el prójimo, la fluidez en los vínculos, la integración con mis hermanos, etc. El prójimo lee en mí que existe una preocupación mayor (por ese temor a ser asesinado), y que me esfuerzo por anular el deseo del otro y presentarme como alguien “sin falta”, como “sujeto supuesto saber”.

_Yo tengo dificultades para aceptar el deseo del otro por dos razones:

1)   Temo que el prójimo me conduzca a los caminos perniciosos y peligrosos que pretendía llevarme mi padre, de no haber sido por la protección que me dio mi mamá.

2)   Mi deseo fue muy desatendido, primero por mi padre, con su desprecio y abandono; y luego por mi madre, con una crianza bastante estricta, en la que no me acompañó muchas veces que la necesité, y no se me escuchaba en muchos deseos míos.

Mi fantasma fundamental es también una estrategia para poder detener en algún punto el deseo del otro, y cosificar así al otro para que mi deseo tenga un objeto. Siendo también dicho fantasma una estrategia para localizar un objeto apto para el goce.

Esta cosificación del otro y anulación de su deseo; este esfuerzo por inmovilizar al otro mediante el habla, actitudes, conductas, etc., son una estrategia para convertirlo en objeto pasivo y controlable por mí, y evitar así cualquier posible agresión; que es el reflejo y proyección de las hostilidades a las que me sometió mi padre, y a las que sometió a mi mamá.

Logrando así inconcientemente que el otro se convierta en un objeto inmovilizado, podría yo gozar:

1) 1) Evitando recibir cualquier perjuicio del otro, siendo mal guiado, como lo hacía mi padre

 

2)  2)Pudiendo vengarme con el otro, proyectando así el sentimiento de venganza y furia reprimido que pude haber tenido hacia mi padre

 

3 3) Cosificando y conteniendo reflejamente al deseo de mi padre para poder gozar de él, dado que su violencia me impedía hacerlo

 

Todas estas conductas fantasmáticas y obsesivas, tienen su raíz en el axioma de mi fantasma fundamental: “temor a ser asesinado por mi padre” y “necesito la protección de mi madre”.

La inmovilización del otro que yo busco por medio de mi fantasma fundamental también puede significar el deseo de retener la vida familiar, armonía y presencia de mi madre y padre que no tuve. Como si buscara lograr y capturar esa escena familiar que me produciría tanto goce, frenando el deseo del otro; congelando y cosificando al otro.

 

Quizás por el incumplimiento de esta fantasía inconciente imaginaria, es que no he encontrado satisfacción ni aun cumpliendo parte de mis sueños. Por ejemplo al sentirme vacío después de tocar con mi banda en la Sala Lavardén, yéndome a dormir, sintiendo soledad, o en otros shows.

También esta “inmovilización del otro” (o conflictividad en caso de no lograrlo, como con mis parejas, con mi mamá o ciertas figuras de autoridad), son el discurso inconciente de mi superyó de frenar la interacción y amor del otro, por considerar que el amor que necesito es el de mi padre y madre, idealizando o como hubiera debido ser (normal), en mi niñez; esa normalidad y coherencia que no ocurrió en el vínculo familiar por culpa de mi padre.

 

Mi síntoma de no ofrecerme para el goce o deseo del otro, y la dificultad que tengo de aceptar ese deseo, es producto de dos factores:

 

1)   Ocultarme ante los deseos perversos de mi padre y su violencia, descontándome del otro para constituirme como sujeto

 

2)   La falta de juego y aceptación de mis deseos por mis padres, que produjo que no se ofrecieran como objetos de goce hacia mí, identificándome yo con esas conductas

Cuando los lazos sociales se sostienen en el fantasma, ocurren de la forma en la que el sujeto está identificado al objeto en el fantasma. Esta identificación sucede hacia un objeto pulsional, según el tercer tiempo de la voz gramatical de la pulsión, según cada una de las cuatro pulsiones: hacerse chupar, hacerse cagar, hacerse ver y hacerse oír.

sábado, 1 de mayo de 2021

LIBRO "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO

 

LIBRO "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY  (AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO

El sepultamiento inconcluso del Complejo de Edipo, el “fantasma de la escena primitiva, el “fantasma parricida” y la falta de amor correspondido

En mi historia existió una insuficiencia en la salida del Complejo de Edipo hacia mi papá Gustavo y mi padre biológico, que es el tercer tiempo de dicho Complejo, o su sepultamiento, y se da con la identificación del niño con el padre.

En dicha salida, los “títulos de virilidad” quedan guardados en el bolsillo del niño para ser usados en su pubertad. Yo tuve una parte de esos títulos, pero los intenté usar fallidamente, producto de una insuficiente identificación y dedicación de mi papá Gustavo hacia mí. Por ejemplo rindiendo mal el examen de ingreso en la escuela secundaria Politécnica, en la que mi propio papá se recibió y siempre la recordaba con orgullo.

Esta conflictividad con mi virilidad es la que en parte no me permite tener parejas estables, no conseguir ingresos económicos fuera de mi trabajo en el Ministerio, haber sido un mal líder de mis bandas de rock, ser inseguro para conquistar ciertas mujeres, no haberme sabido integrar a equipos deportivos, y en general no asumir una posición de compromiso solidario en algunos grupos cuando me lo han demandado.

Una causa importante de mi insuficiencia en la salida del Complejo de Edipo hacia mi padre, y la buena inscripción del “Nombre del Padre”, fue que no simbolicé bien ni realicé un buen duelo por la pérdida necesaria de mi papá biológico. Seguramente realizar buenas terapias de psicoanálisis infantil me hubieran ayudado mucho.

A pesar de esta carencia, yo establecí un buen lazo libidinal con mi papá Gustavo, al punto de que cuando se separó de mi mamá, a toda esa libido la regredí sobre mí mismo, produciéndome todos los síntomas y trastornos que padecí en el año 1994, que me produjeron un desmayo frente al curso de mi escuela secundaria, dando una clase, y una semana de ausencia por tener la mente “en blanco”.

Fueron muchas las actividades y enseñanzas transmitidas por él, y con mucho amor. Desde enseñarme a tirarme de cabeza al agua en la pileta del Rowing club, hasta las largas sobremesas con diálogos y cigarrillos que manteníamos durante mi adolescencia.

Esta carencia de mi virilidad me produce una falta de autoestima generalizada, y también se manifestó cuando no generé los suficientes juegos con David en mi hogar cuando él se quedaba a dormir solo conmigo, produciendo que él se durmiera mientras yo continuaba con mis actividades. Yo debo cultivar una mayor seguridad e involucramiento en la crianza de David y vínculo de él conmigo.

 

_Si el deseo del niño por la madre en el Complejo de Edipo, nace impulsado por el deseo del padre hacia el niño; en mi caso, al haber cortado mi padre su vínculo conmigo desde que nací, ese amor mío hacia mi madre puede haber sido insuficiente, débil e inhibido.

Tal vez ahí radique mi falta de involucramiento y mayor deseo con mis parejas, y por eso no me duren ni se genere el amor correspondido.

_Otra consecuencia del abandono de mi padre en mi niñez es no haberlo podido asesinar simbólicamente, para luego amarlo e identificarme con él. Este Este asesinato simbólico es necesario, porque aún un padre “mítico” (que no exista en la realidad), se impone en el pensamiento del sujeto como agente de fustigación, por lo tanto de seducción, y por lo tanto del parricidio.

_Mis conductas lujuriosas y de múltiples búsquedas de mujeres, están vinculadas a la resistencia a focalizar en una sola mujer con quien entablar una pareja estable, generando así deseo por esa mujer, enamoramiento y un vínculo que me permita desarticular mi “fantasma parricida”.

Involucrarme con una mujer formando una pareja, implica matar a mi padre en lo simbólico para después hacer las paces con él, algo a lo que él se negó y no permitió. Con lo cual debo “inventar” esa madurez y reconciliación interna mía con mi padre, para poder estar bien en pareja.

_Como consecuencia del desprecio y alejamiento de mi padre en mi infancia, también me faltó la continuidad en el “fantasma de la escena primitiva”. Este se basa en las relaciones sexuales entre padre y madre. Cuando el padre copula con la madre, alivia al hijo de ser el falo de la madre, y de la culpa (o temor al desinterés de la mamá), que puede generarse en el hijo por salir de esa posición fálica.

A su vez, en el inconciente del niño, la madre es castigada por el padre al copular, por recibir el falo.

_En el “fantasma de la escena primitiva opera la conjunción entre:

1)   1) La angustia de castración de la madre por el padre (y el espanto del hijo al descubrir que su madre no tiene pene)

 

     2) La castración por parte del padre, al hijo y a la madre

 

La finalidad del psicoanálisis

Hoy Irineo me preguntó acerca de la finalidad de todo el tratamiento que estábamos llevando adelante. A lo que le respondí que él debía lograr que en su realidad se cumpliera la misma función que la cura psicoanalítica. En dicha cura, la libido se encuentra bloqueada por los síntomas y las representaciones inconcientes.

Luego, la libido se desplaza a la transferencia del síntoma, del paciente al analista. Después, la cura misma funciona como satisfacción sustitutiva del trabajo del inconciente en la transferencia, convergiendo “sentido y satisfacción”.

_Después de desasir así el síntoma neurótico, se trata de desasir la transferencia, o sea, el síntoma analítico. Para esto es necesario que la investidura pulsional del síntoma llegue a conjugarse con la investidura que vela el fantasma fundamental.

Se trata de que ni la libido parcialmente liberada, ni la terapia, funcionen sólo como “satisfacciones sustitutivas”. Sino de desarticular todos los síntomas y al fantasma fundamental, para que la libido fluya en forma constante.

La libido puesta en el psicoanalista debe regresar al sujeto para disponer de ella y decir en qué objetos del mundo exterior la va a colocar, sin que genere conflictos psíquicos, para no repetir nuevamente el ciclo.

 

La consecuencia de la falta de acompañamiento cercano de los padres hacia los hijos

Irineo me confesó espontáneamente al comienzo de la terapia de hoy:

_En muchos fracasos de mi vida ocurrió la situación de que mis padres no estuvieran a mi lado acompañándome ante acontecimientos en los que los necesité. Por ejemplo en las prácticas y partidos de hockey (con los viajes traumáticos que yo debía hacer en colectivos, perdiéndome en el centro de la ciudad). O en el desfile de disfraces en la escuela primaria, para el que mi papá me diseñó un hermoso disfraz de pila, y yo me retiré enojado a mi casa porque había un compañero con un disfraz de He-Man que era mejor.

O en las prácticas de natación en la pileta climatizada del club Náutico (a mis once años); o en los cursillos y al rendir el examen de ingreso al Politécnico.

_En todos estos actos de descuido por parte de mis padres, sucedió que ellos me estimulaban para que yo emprendiera las actividades, e incluso me proveían los materiales. Pero no me daban su apoyo con el acompañamiento necesario durante cada actividad.

_Esta soledad que yo padecí produce que ahora en mi adultez, yo no pueda disfrutar, hacer valer y agradecer bien la buena crianza y el amor que sí me dieron mis padres.


lunes, 26 de abril de 2021

LIBRO "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO

 

LIBRO "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY  (AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO

Irineo Croposky es un hombre de cuarenta y dos años, padre de un hijo de cinco años llamado David, y separado de la madre del hijo, llamada Sofía. Es cantautor y escritor de oficio, y trabaja como empleado público en la oficina de archivos del Ministerio de Agricultura. En su haber académico, obtuvo los títulos de Profesor de Música y de Economista.  

Después de años de transitar por distintos psicólogos, realizarse autoanálisis y estudiar psicología, logra hacer terapia continua por segunda vez en la vida, con la psicoanalista Margot.

Irineo sufrió el divorcio y abandono de su padre a sus cuatro años, junto a su hermana Dafne. Lo reencontró a sus diecinueve años y lo frecuentó durante tres, para alejarse definitivamente de él.

Su mamá Eloísa formó pareja paralelamente al abandono del papá de Irineo, teniendo él cuatro años, y se casó con Gustavo, quien tuvo dos hijos con Eloísa, y crió con mucho amor a Irineo y a sus hermanos.

Trece años antes de comenzar las terapias con Margot, Irineo empezó un derrotero por diferentes psicólogos, y se compró sus primeros libros de las Obras Completas de Sigmund Freud. También indagó en videos y artículos de psicología, que lo acompañaron en forma constante, entre la crianza de su hijo, la composición de canciones, las presentaciones de sus shows en vivo, la escritura de sus libros, los conflictos con su ex pareja, los altibajos con su propia madre, la rutina de su trabajo, y su interés por las ciencias, el teatro y el cine.

Las siguientes son recopilaciones de los autoanálisis de Irineo Croposky, basadas en sus estudios de psicología y las terapias con sus diferentes psicólogos, en el largo derrotero que significó la cura de su neurosis.

 

Sobre las “Representaciones inconciliables” y la “Suma de excitación”

_Mi aislamiento y negación como defensas pueden obedecer a la representación inconciliable de que mi madre me abandone –quedando expuesto al peligro que significaba la cercanía de mi padre-. Y a la suma de excitación (monto de afecto), que es el miedo a la llegada de mi padre y su violencia.

_Para desarticular el aislamiento y los síntomas, debo separar a la “representación inconciliable” de la “suma de excitación”, convirtiendo dicha representación intensa en una débil, y arrancándole el afecto que gravita sobre la “suma de excitación”.

_El “monto de excitación”, que es el miedo a la presencia de mi padre, opera muy profundamente desde mi inconciente, y es el que produce que yo me cierre, no tome la iniciativa en los vínculos, rechace propuestas de mis parejas o amigos, adopte la posición de “sujeto supuesto saber”, etc.

_Una representación inconciliable que me genera malestar es la de vislumbrarme como una persona muy sola a futuro cercano si no desarticulo los traumas de mi infancia.

Esta representación es consecuencia de otra representación mucho más intensa en su carga afectiva, que es el temor a la cercanía de mi papá, como situación peligrosa y permanente en mi vida.

                                                                             

El trauma de un “peligro cercano e insalvable”

_Al temor por el “peligro insalvable” que representó mi padre lo fui sepultando en mi inconciente a través de los años, y pocas veces afloró con la intensidad que tuvo durante mi primer infancia: por ejemplo, padecí temores fuertes cuando me perdía en el centro porque me enviaban mis padres a practicar hockey, solo y en colectivo, teniendo apenas nueve años. O con la separación de mi mamá y mi papá de crianza Gustavo, durante mi adolescencia. Ahora vuelve a surgir dicho temor con todos los percances de la obra de ampliación en el ex hogar de provisión a mi hijo David y su mamá Sofía.

_Evidentemente Jesús hizo aflorar aquel profundo temor al peligro insalvable de la cercanía de mi padre, porque yo le pedí que me ayudara a desarticular mi neurosis, traumas y síntomas hace algún tiempo. Este afloramiento de aquel miedo se produjo con dos acontecimientos externos:

1)   1) La mudanza de mi hijo y la madre del hogar que yo les proveí durante tres años, a una casa más alejada.

 

2)   2) Los percances de la obra de ampliación de dicho hogar

 A pesar de que ese temor profundo afloró pocas veces en mi vida, actuó más levemente desde mi inconciente mediante mis síntomas, negaciones, aislamiento, desarrollados con mis actividades creativas. 

_Mi provisión del hogar a mi hijo y la mamá estando separados, fue símbolo de mi propia incapacidad para convivir, producto del temor a mi padre y su violencia.

Durante los tres años de cercanía de mi hijo y la madre en el hogar que les proveí, descuidé el psicoanálisis por considerar que la vida en hogares separados pero más cercanos (estando separados legalmente con Sofía), más mis autoanálisis y estudio de la psicología, podían ser suficientes para curar mi neurosis y mejorar el vínculo con Sofía y David.

_Evidentemente yo negué defensivamente el horror de las escenas de violencia de mi padre aislándome y negándolas con pensamientos, para poder resistirlas cuando ocurrían frente a mí.

Esos traumas, síntomas y mecanismos defensivos los sostuve en soledad a lo largo de toda mi vida, y es allí donde fracasaron mis convivencias, parejas, bandas de música, ocupación por mi hijo y su madre del hogar proveído por mí, etc.

 

Los fantasmas fálicos y el rechazo de la castración

_En mis conductas de caprichos (por ejemplo de ausentarme del desfile de disfraces de la escuela, a mis siete años, porque un compañero tenía un disfraz de He-Man mejor que el mío de pila eléctrica, sin contar con la compañía de mis padres; o en mis aislamientos en el salón durante los recreos, sin salir al patio a jugar con todo el grupo al “Ladrón y policía”), se esconde un fantasma fálico, por la lógica de la castración no aceptada de que “los demás tienen a sus padres que los acompañan y yo no”; o “los demás tienen a su papá biológico y yo no”.

La consigna propuesta por mi analista Margot en la terapia de hoy fue la de pensar la falta de aceptación de mi castración en dos hechos que pueden ser sintomáticos:

1)     Intentar ser un padre bastante omnipresente con mi hijo David.

2)     No aceptar las carencias de mi papá y de mi mamá en el amor hacia mí.

_Esta falta de aceptación produce que yo adopte posiciones fálicas (hacia mi mamá, mi hijo David, su madre Sofía, etc.), tomando también la postura de “sujeto supuesto saber”.

_También en ciertas rivalidades con mi madre puede existir una identificación mía con el sadismo de mi padre hacia ella, y un reproche por mi propia castración no asumida de la pérdida necesaria de mi papá.


jueves, 15 de abril de 2021


 

ENGENDRARE AL FIRMAMENTO EN CANCIONES

La mañana me envuelve con su manto frío de apenas al nacer,

y la quietud desmayada de un crepúsculo encandila tibiamente los

ojos. Es que el amanecer ya derramó su tintura en los cielos.

 

Allá una orilla que supo de inundaciones e inmigrantes,

y su cabellera turbulenta siempre allá. Acá mi chispa que empieza

a desvirtuar su trayecto en el aire, cuando fluja y refluja el infinito

mar de vibraciones que la rodea.

 

Gentes cruzan y pasan en su maratón esquizoide por la urbe,

programados todos para tapar agujeros cuando, a la vez,

otros nuevos se hacen. Eso que el día recién destapa su hermoso

sexo virginal, cuando ellos lo dan por perdido.

 

Ella destella vagabunda entre gladiadores con pies de arena,

que luchan insaciables contra agujas que no pararán jamás.

Quizás algún día retrocedan solas. Ellos se desmoronan con

cualquier ventisca porque sólo eso es el tiempo, arena…

 

Acá, números en verdad, que perfilan como dardos al vacío.

Lágrimas detrás no cesando de caer del manantial y su espera.

Quiero yo beber toda tu lactancia de madre inmutable,

de niño que juega despreocupado de la muerte en su fantasía,

pronta a deshacerse con los años; de loco con su lata que es

mucho más que un perro, de jardín que cambia en instantes su

fachada hasta florecer y secarse y así…eternamente.

 

Pienso en engendrar todo el firmamento en canciones

ya que un suspiro entró por la ventana, acariciando mi rostro,

desvaneciéndose en entrecortadas imágenes, que solas se

acomodarán al juntarse.-

Matías Castagnino 


ESTOY INTENTANDO BRINDARLE A MI HIJO (LA CASA INAGOTABLE)

 

Estoy buscando y encontrando a medias las claves

para hacerle lo más liviano posible el pasaje a mi hijo

por esta cárcel alienante de la ciudad y del sistema,

lo alienante de la educación formal y del trabajo en

relación de dependencia.

Las luchas diarias para que el sueño de crear y dar mi arte

no se vuelva una pieza de museo, cuando la rutina,

la dispersión y el cansancio nos muerden los talones.

 

Estoy intentando darle a mi hijo mucho de lo que no

recibí de mis padres, ciudándolo de las sombras variadas

como quien contempla el amanecer frente al mar.

Las sombras de la pantalla hipnotizante, las fauces del

aislamiento traidor, las arenas movedizas de un mundo

viejo sin caridad ni filo celestial.

 

Confío en que todos estos movimientos luminosos

hacia el pequeñito y su madre, van a producir más

brillo que ácido, volcándonos también hacia la hueste

de los que trenzamos una conciencia de grupo generadora

del sustento vital y de la casa inagotable.-

Matías Castagnino 


ALGUNAS NEUROSIS JUNTO A MI NOVIA ODESSA

Cada vez que nos sacábamos de nuestras propias trincheras

de aislamiento, enseguida le pasábamos la cuenta al otro

con una guerra bastante álgida: o buscar pelos en la sopa

para estallar; o provocar con actitudes, etc.

 

Yo pretendía inconcientemente generar una pausa, un vacío,

un espíritu neutro y sin interacción con Odessa durante mi

aislamiento. Como pretender invisibilizarla para no verme

afectado por ella y amenazado ante la salida de mi trinchera

cueva, donde me sentía protegido.

 

Tus escaladas de violencia son la impotencia interna de no

sentirte comprendida, con la reactividad que eso produce en

vos. Sentir que no comprendo que ante supuestos aislamientos

o rechazos mìos, te ves nuevamente amenazada como cuando

eras niña, a quedarte abandonada por tu padre que viajaba o

por tu madre que nunca maternizò bien con vos, tratándote como

a una adulta cuando apenas eras una piba.

 

Al fin de cuentas creo que nos buscamos para contrarrestar nuestras

pulsiones de muerte o Tanatos, que son muertes muy especìficas,

Y nuestro organismo defendiéndose contra todas las amenazas de

muerte que no sea la que nos corresponde.

Yo te desviaba de tu pulsión de muerte natural (tu apego al trabajo),

y vos de la mìa (mi aislamiento), pero a costa de que Tanatos reaccionara

con agresión por ya no poder matarnos, y exponernos a lo nuevo

que cada uno nos proponíamos al otro.

 

Se trata de tolerar los embates mutuos de nuestros inconcientes,

que se turnan como en una guerrita para expresar lo mucho

que nos marcaron las parejas anteriores, el temor al abandono;

los descuidos de nuestros padres.

 

A veces me pone mal pensar que nuestro hijito estè viviendo

quizás con nuestras peleas, situaciones màs hostiles que los

niños refugiados o sometidos a la inmigración ilegal, que al

menos cuentan con el amor de sus padres.-

Matías Castagnino 


YENDO EN SENTIDO CONTRARIO A MI AGUJERO NEGRO

Mi agujero negro succionador fue el aislamiento social,

desde niño siempre ahí, u otras miserias derivadas de esa

cloaca, como la soberbia, la comodidad o la desconfianza.

La espera a que regresara mi madre del trabajo, o a recuperar

a un padre que de a poco se iba perdiendo, o la evitación

de la conflictividad entre ellos, fueron el caldo de cultivo

del pozo negro.

 

Muchos de los encuentros evitados con el prójimo, reemplazados

por una creatividad solitaria, no hicieron más que acrecentar los

canales de la muerte callada.

Todo camino en la dirección del agujero negro permitió un

beneficio secundario de lo más escaso y consumidor: invertir

mil de esfuerzo para obtener tres de ganancia, y el tiempo de

vida que se acababa mientras continuábamos empantanados.

 

Eso fue mi vida durante un largo período: la suma de titánicos esfuerzos

cosechando frutos mínimos; los errores de cálculo que nos dejaban

con los “premios consuelo” y la bastante mezquina ganancia

residual.

 

Llegaron distintas y menores las luces esperadas de la fama, o del título

universitario o de amores más idílicos en pareja.

El obstáculo siempre fue ese hueco, y los días que nos quedan

por delante tendrán sentido en la dirección diametralmente opuesta.-

Matías Castagnino 


DEL INTRINCADO DESENCADENAMIENTO QUE PRODUJO EN MI VIDA CORTAR LAZOS CON MI PADRE

Mi padre decidió volcarse para el lado de las sombras, y yo nunca màs lo vi.

De niño tenía la angustia de que los demás no comprendìan mi desesperación

ante los conflictos y divorcio de mis padres.

Una de las secuelas que dejó el doloroso divorcio de mis padres, por culpa de

mi papà, fue la dificultad para confiar en otros hombres a nivel de amistad

fluida, con los códigos de lealtad, solidaridad, preocupación por el otro,

soltura en las bromas…todas enseñanzas que me faltaron de mi padre.

 

Yo sentía como un desinterés en profundizar la amistad con cualquier persona;

quizás prejuzgando que como ya me había traicionado mi padre de pequeño,

iba a correr con igual suerte con quienquiera que echara raíces.

La sensación era la de estar en desventaja frente a otros hombres que habían

tenido la crianza de su padre, con esa sabiduría y comprensión que sòlo un

papà puede transmitir.

Me faltò el “venì hijo, descansà en papà y despreocupate que te cuido”.

Toda esa nebulosa que se generò en mì, de no poder manejar los códigos de

la confianza entre padre e hijo, por no ser mi padre de crianza mi padre biológico.

Aquèl tuvo una mayor rigidez en la educación hacia mì que hacia sus hijos

hombres de sangre.

 

Con casi todos los jefes tuve un vìnculo conflictivo y rebelde. Es evidente

que se debió a la falta de lìmites que no tuve de mi propio padre, y a prevenirme

de su irresponsabilidad y perniciòn, desarrollando un espíritu crìtico hacia

la autoridad.

Las fallas de la realidad me esperaban crueles ya desde antes de nacer, y ahì

surgió el valor al que me dispuse para nacer con vida y enfrentar una realidad

hostil y de carencias paternas. Nacì guerrero.

 

Seguimos el camino de la vida tres almas, comandados por mi madre y

embarcados a tormentas mucho menores.

Aprendì que existen determinadas personas a las que no es bueno a cercarse

ni por compasión, y que esa es la mejor manera de ayudarlos.

A veces me pregunto por el precio que deberè pagar por evitar el mal mayor

de frecuentar a mi padre, y si hay manera de suprimir el mal residual de esa

distancia, en esta vida.-

Matías Castagnino