viernes, 25 de junio de 2021

NARRACION ORAL "LA ROSA DEL DESIERTO" - DEL LIBRO "ESCRITOS DE LA GESTACION DE MI HIJO" - MATIAS CASTAGNINO



LA ROSA DEL DESIERTO (NARRACION ORAL)

Cuenta la historia que hace algunos años, el viajante Erdogàn fue enviado en una misión, desde un extraño lugar del espacio, a una región del planeta Tierra llamada “Pantano Triangular Sur”. Quien lo envió fue un viejo amigo suyo de nombre “Luz Mayor”, y esta misión consistìa en la difícil tarea de encontrar algo muy pero muy valioso: la Rosa del desierto (Narrador toca la armònica).

Fue entonces que Luz Mayor le escribió en un papel las instrucciones a seguir para encontrar la Rosa. (Narrador saca un papel de su bolsillo y lo lee)

“Querido Erdogàn: después de tantos años esperando por la realización de esta gran misión, de la que sos protagonista, tengo el gusto de enviarte con la esperanza de que la cumplas. Como lo vengo haciendo desde que tengo memoria, con tus pares, debo recordarte que la meta es encontrar la Rosa del Desierto y que tenès que estar muy despierto, porque existen múltiples desvíos y trampas antes de llegar a ella; y por su condición de ocultamiento. Recordà que la Rosa està y desaparece; cambia de aspecto constantemente; tiene bellos pètalos y aroma, pero también espinas. Porque eso es lo que ocurre con esta flor: la tenès y la perdès, para después volver a encontrarla; te deja su aroma y desaparece como una brisa suave de primavera. Erdogàn, tenè presente que todos los que te encuentres, de alguna manera también están buscando la rosa (aunque no lo sepan), porque ella es múltiple y puede estar en muchos lugares a la vez.

Te dejo un gran abrazo, y aunque hayamos perdido comunicación yo te observo siempre desde el Jardìn Resplandeciente. Tu amigo Luz Mayor. Ah, me olvidaba: acordate que la Rosa y yo somos socios desde hace muchiiiisimo tiempo”

 

Asì fue que el viajante Erdogàn emprendió vuelo en su nave interestelar y se llevò en el bolsillo las instrucciones de su amigo Luz Mayor para encontrar la Rosa y devolverla al lugar de donde èl había venido, y donde también vivía Luz Mayor. Ese lugar se llamaba el Jardìn Resplandeciente. Descendiendo por el túnel galáctico aterrizò…mejor dicho se estrellò sobre una terraza del Pantano Triangular.

(Narrador toca la armònica).

Sin salir de su asombro, el viajero Erdogàn bajò de esa terraza y salió a recorrer las calles de la ciudad pantano, preguntandosè una y otra vez sobre las recomendaciones que Luz Mayor le había dado en la nota. ¿Cuàles serán las múltiples trampas para encontrar la Rosa?; ¿còmo es posible que la Rosa aparezca y desaparezca?, se preguntaba…

-Entonces voy a tener que agarrarla muy fuerte y guardarla bien tapada en un frasco, para que no se me escape- pensaba mientras comìa un alfajor galáctico.

Y en eso que estaba pensando, de arriba de un árbol se le apareció un enorme orangután.

-¿Què hace usted por acà?- le preguntò el mono sorprendido.

-Yo estoy buscando a la Rosa del Desierto ¿Y usted quièn es?

-¿La Rosa del Desierto? ¿Pero què clase de rosa es? – dijo el mono.

-No sè amigo, eso es lo que me encargaron – respondió Erdogàn

-Bueno, vea, no creo que en este pantano sombrìo pueda usted encontrar nada parecido a una rosa, porque acà lo que más abunda son esos jóvenes descarriados que no se han sabido adaptar a las reglas del pantano Mire: ellos no son gente como uno, y a usted este lugar no le conviene. Yo debo irme rápido porque en…(el orangután mira su reloj) quince minutos empieza la promoción de seis bananas (el orangután marca el número con los dedos) al precio de una en el shopping, pero recuerde: este lugar no es para usted – le contestò el orangután.

Y asì, sin màs comentarios y sin saludar, el orangután urbano siguió su camino rumbo al shopping, dejando confundido a Erdogàn (Narrador toca la armònica).

¡Què raro es todo acà!, se decía Erdogàn entre sorbo y sorbo de jugo interestelar, sentado en el banco de una plaza inundada. Y mientras reflexionaba, vio acercarse algo que parecía un titiritero de cristal (Narrador mueve los dedos como un marionetista), y una aspiradora con una pantalla y un tubo (Narrador hace gesto de aspiración con manos y onomatopeya).

-Disculpen, buenos hombres…estoy perdido en este pantano ¿Podrìan indicarme què camino debo seguir para encontrar la Rosa del Desierto?

-¿La Rosa del Desierto?, preguntò la Aspiradora… -Ah, sì, esa rosa huidiza y rebelde. Yo soy la Aspiradora Satelital y mi trabajo en este Pantano consiste en aspirar del tiempo y del espacio a los habitantes, por medio de mi pantalla, así sea por unos pocos minutos. En una época tuve a la Rosa como amiga y compartíamos tiempo, pero luego ella me aburrió y la abandoné, porque el trabajo de aspiración que hago para mi jefe, el Titiritero de Cristal (lo señala), es más importante.

La última vez que la vi estaba en el umbral de una casona abandonada, al final de esa calle.

 

Fue entonces que el titiritero de cristal dio su opinión acerca de la Rosa y dijo:

-A mì nunca me interesò la Rosa. Siempre preferí el Totem dorado. Yo muevo los hilos para hacer mis negocios, acà en el pantano y en otros pantanos también. Yo presto dinero por tres y cobro por dosmil tres. Juntos a mis amigos, jugamos en la ruleta del Totem dorado y le rendimos culto y pleitesía, calificando a los pantanos con la mala nota que se merecen. 

Aparte, yo mando y muevo a esta aspiradora satelital con mis hilos negros, para que controle y espíe a toda la gente que pueda en los pantanos, y me reporten mayores ganancias.

Y así se retiraron los dos, continuando su camino.

 

(Narrador toca la armònica)

 

Sin perder ni un minuto, Erdogán pegó un salto desde el banco de aquella plaza en donde estaba sentado y se entusiasmó. Emprendió camino por la calle que le había indicado la Aspiradora, hasta que divisó la vieja casona abandonada. Y allí, en el umbral de la casona, la vio a lo lejos: resplandeciente, roja intensa, con un aroma penetrante que llegaba hasta su nariz. ¡Era la Rosa del Desierto!

El corazón de Erdogàn comenzó a latir tan fuerte que el chaleco espacial se le separaba del pecho y no sabìa si reír o llorar: toc, toc, toc, toc, toc, le latìa (narrador hace gesto con la mano y onomatopeya).

Sin pensarlo ni un solo minuto, tomò carrera, se abalanzò sobre la Rosa y la arrancó de raíz guardandolá bien tapada en un frasco de vidrio.

-¡Què suerte, pero què suerte que tuve de encontrar esta hermosa Rosa! gritò; -ahora voy a poder regresar al Jardín Resplandeciente con la misión cumplida, y Luz Mayor va a estar orgulloso de mì!, y arrancò la Rosa de raíz, guardándola bien tapada en un frasco de vidrio.

Regresando a su nave interestelar, mientras hacìa planes a futuro imaginando en què lugar del Jardìn Resplandeciente plantarìa la Rosa, decidió acostarse a descansar debajo de un árbol, con la Rosa a su lado. Y no pasaron dos horas de su sueño, cuando despertó y la Rosa…la Rosa ya no estaba; había desaparecido.

-¿Pero còmo pudo haber sido posible esto, si la dejè bien guardada?- se preguntaba; - ¡justo a mì me tuvo que pasar!, y llorò…llorò amargamente.

La tarde caìa y al cabo de un largo rato, decepcionado y sin saber què hacer, vio a lo lejos acercarse por el aire algo que parecía una luz, una luz incandescente y de brillo intenso: era una vieja luciérnaga danzarina y alegre.

-¿Què le anda pasando, mi buen amigo, que se lo ve tan triste?, le preguntò la luciérnaga.

-¿Còmo dice?

-Que què le anda pasando con tanta tristeza…

-Pasa que me desapareció algo muy valioso que tenía guardado ¿Y usted quièn es?

-Eh…Soy una “luciérnaga telescopical”, y estaba yendo rumbo a un ensayo con mi grupo de amigos, eh…¿pero què es lo que se le perdió?

-Vengo de un Jardìn Resplandeciente y se me termina de perder la Rosa del Desierto.

-¡Ah…!, la Rosa –exclamò la sabia luciérnaga; -la querida, perfumada y dulce Rosa…¡pero sì, hombre!, ¡hubiera empezado por ahì…! Yo le voy a hacer un gran regalo para que, cada vez que usted pierda la Rosa aquí en el Pantano Triangular, pueda recuperarla y guardarla en su corazón hasta que se encariñe y ya no la pierda nunca más.

Pero hay algo que usted debe saber: no va a poder volver al bello Jardìn de donde viene hasta que no haya aprendido todas las lecciones que debe usted aprender en este Pantano Triangular Sur, de la gente que vive aquí.

Y asì fue que la sabia luciérnaga sacò de su bolso un colorido y despreocupado “Pájaro pez tijera” (Narrador hace al pájaro con las manos y onomatopeya), para que Erdogàn lo alimentara y cuidara, y este pajarito buscaba la Rosa, volando con sus alas brillosas y escamadas, y le devolvía la Rosa cada vez que la perdía.

Erdogán regaba y cuidaba de la Rosa día y noche, hasta que un buen dìa, cuando Erdogàn aprendiò todas las lecciones en el Pantano Triangular, pudo finalmente volver a su Jardìn con la Rosa de Desierto.-

 

LA MUERTE - HAY UNA ÚLTIMA BATALLA CON EL MALIGNO - MATIAS CASTAGNINO


 

LA MUERTE - HAY UNA ÚLTIMA BATALLA CON EL MALIGNO

¿Y cuáles son los conflictos que aparecen en el pasaje? 

Hay signos de que se entabla una lucha, aun estando presente familiares que lo van a escoltar hasta su próxima vida.

Esto muy poca gente lo habla, en algunos casos por miedo y en algunos otros casos porque consideran fantasioso todo el proceso.

Pero un capuchino del siglo XVII, Fr. Martin von Cochem, escribió un libro sobre las cuatro últimas cosas: muerte, juicio, infierno y cielo, los novísimos.

Y allí habla de que en el lecho de muerte se produce un asalto del maligno sobre el moribundo.

Curiosamente Dios le da el poder para atacarnos.

Pero no con el objetivo de nuestra perdición, si no para hacer funcionar totalmente y al final, nuestro libre albedrío.

Antes de expirar el cristiano tiene que demostrar que nada lo hace abandonar a Dios.

Entonces el maligno lo ataca haciéndole recordar los pecados que cometió, las cosas malas que le hicieron y los malos recuerdos.

E incluso lo tienta con pecados a los que siempre se resistió.

San Gregorio dice sobre este momento, que los espíritus malignos nos recordarán todo el daño que nos han hecho y nos recordarán los pecados que hemos cometido por su instigación.

Y se esforzarán para descubrir algo pecaminoso por lo cual acusarnos.

Es un asalto que el moribundo experimenta en momentos en que esta física y mentalmente debilitado.

Y esta es una opinión de varios padres de la iglesia qué dicen que antes de expirar cada ser humano ve al enemigo.

San Cirilo le escribe a San Agustín, contándole lo que hoy llamamos su experiencia cercana a la muerte, donde murió y revivió, y le dice que multitud de demonios se acercaron a él y le reprochaban las malas acciones que había cometido, tratando de llevarlo a la desesperación.

Pero dice que habría cedido ante ellos si Dios no hubiera acudido en su ayuda.

Esto significa que hay un ataque final del maligno en el lecho de muerte, pero que podemos superar si pedimos auxilio al Señor, a la Santísima Virgen, a San José y a nuestro Ángel de la Guarda.

 

¿Y no debemos prepararnos entonces para esta instancia?

 

La enseñanza que nos deja esto es que debemos estar preparados para la hora de la muerte, pensando que estaremos debilitados espiritual y físicamente en ese momento.

Debemos fortalecernos defensivamente contra los vicios y nuestros apegos al pecado, mediante la oración, la confesión y la penitencia previamente.

Es importante estar asistidos también por las oraciones de nuestras familias y amigos, y por la unción de un sacerdote.

En definitiva la enseñanza que nos debe dejar esto es que debemos prepararnos de antemano para la muerte, sabiendo que probablemente experimentemos un último asalto del maligno, porque esta será su última oportunidad con nosotros.

Dios quiere que pasemos la eternidad con Él y quiere que nuestro encuentro con Él sea lo antes posible.

Y cómo en el cielo entra solamente lo santo y puro, es este último asalto del maligno lo que puede sellar nuestra pureza, o condenarnos al purgatorio por un tiempo, o incluso perdernos definitivamente.- 

(Del sitio "Foros de la Virgen María")  

viernes, 18 de junio de 2021

LIBRO: "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO

 


Mi impotencia psíquica e inhibiciones por la falta de unidad de la corriente cariñosa y sensual de la libido

Mi neurosis se ha desencadenado por la incapacidad de unificar la corriente cariñosa y sensual de mi libido ya desde niño, tanto hacia mujeres como en los grupos. Es por esto que generé esta disociación en mi vida erótica, tal como la enunció Freud: “si amé a una mujer, no la deseé; y si la deseé, no pude amarla”.

A la incapacidad para generar dichas corrientes libidinales, la ocasionó en mí, primero mi padre con su abandono desde mi nacimiento, y luego mi madre con su narcisismo marcado, posicionándose en la figura de una mujer líder inaccesible sentimentalmente, tal como también lo fue mi abuela.

Los bloqueos de mi libido cuando yo buscaba volcarla en mi mamá, produjo que yo la retrajera sobre mí en una parte (generando mi narcisismo), y que otra parte la volcara sobre otros objetos de amor inanimados, y sobre mis fantasías.

Una de las manifestaciones actuales de dicha retracción libidinal sobre mi yo es la posición de sujeto supuesto saber, que interpongo ante el prójimo, bloqueando una buena interacción. Esto me perjudica claramente en todos los vínculos, y es la causa del fracaso de mis cortejos ante mujeres, de mi liderazgo en grupos en los que lo pretendí (por ejemplo mis bandas de rock), y de mi inseguridad como hombre ante las parejas que tuve. A toda mujer que me acerqué sentimentalmente, terminé degradándola por mi incapacidad de amarlas, y situarme en una posición de superioridad como “sabiondo” ha sido uno de los tantos medios de degradación, como así también la anulación de sus deseos y ciertas hostilidades.

 

La falta de profundidad en los lazos afectivos

La falta de generación de profundidad en mis lazos afectivos, con la consecuente continuidad, fue producto de sostener en un nivel muy inconciente y velado la angustia por el desprecio paterno hacia mí. Esta falta de profundidad ocurrió ya desde mi primer infancia con mis compañeros del jardín, de la primaria, de la secundaria, los amigos del barrio en mi adolescencia, con mis diferentes compañeros de trabajo, mis novias y hasta con mi propia mamá y papá en mi grupo familiar.

Yo sentía que el vínculo se agotaba con mis amigos si los veía muy seguido: caía mi entusiasmo y me aburría; no encontraba ni imaginaba nada nuevo para compartir. Mi madre no estimulaba ni siquiera una continuidad mensual para recibir amigos en mi casa, ni para ir yo de visita. Es por esto que me faltó crear el sentimiento de afecto frecuente y duradero con amigos, sin tener tampoco primos cercanos, ni amigos en mi propia cuadra.

Es probable que en mis temores actuales exista una conexión directa con los miedos que viví durante mis primeros cuatro años, en los que padecí el abandono de mi padre, quizás mezclado al temor de sus acercamientos violentos. Las noches sin la presencia de un hombre que nos protegiera a mi familia y a mí, sin dudas generó temores en mi alma. Como reflejo de aquellas sombras, el sentimiento principal es el miedo a no poder sobrevivir por ser yo débil. Este mismo miedo se manifiesta ahora en mi adultez con determinadas obligaciones que debo yo asumir y no lo hago bien del todo. Por ejemplo, no habiendo sabido convivir con Sofía pudiendo criar a mi hijo más íntegramente. O ejerciendo mi trabajo con más responsabilidad y compromiso.

Ante la angustia y síntomas actuales producto del alejamiento de mi hijo y su mamá de mí por la mudanza que realizaron, aquellos viejos temores arrastrados toda mi vida se hicieron más presentes, por transcurrir días enteros sin ver a mi hijo por primera vez en cinco años desde que nació. Así es que frente a la situación irreversible de la separación con Sofía, y a pesar del régimen de visitas diarias pero que no resisto cumplir los siete días de la semana, la solución para subsanar la mayor soledad que siento pasa por:

1)   Generar una red de relaciones sociales frecuentes con amigas, amigos y familiares, con los que poder compartir encuentros, llamadas telefónicas, etc., apuntando a formar una pareja estable.

 

2)   Crear arte y ciencia, invirtiendo en la calidad de lo creado, la difusión, etc.

 

Tanto mi mamá como mi abuela me enseñaron que el mejor camino para que fluya la libido, conservar la lucidez y estados de ánimo sanos, es diversificar los vínculos sociales, siendo generoso, entre otras cosas. A tal punto fue eficaz ese estilo de vida en ellas, que jamás en mi vida las vi deprimidas a ninguna de las dos.

En cuanto al vínculo de pareja, que yo considero sustancial en mi vida, es claro que para lograrlo en forma estable debo desarticular identificaciones y fantasmas que mantengo con mi madre. Por ejemplo, un primer paso lo di eficazmente al frenar las identificaciones con los viajes de mi madre, que mantuve durante nueve años, destinando el dinero, tiempo y energía a ampliar mi hogar para tener un hijo. Esto me permitió cancelar un viaje a New York y otro ofrecimiento para ir a Miami, terminar la obra de ampliación, e inmediatamente conocer a Sofía y seducirla con mi casa ya ampliada; con dormitorio, estudios y terraza para un futuro hijo. Lamentablemente, la instancia de la convivencia y finalidad de dicho hogar no funcionó, justamente por ese Complejo de Edipo nocivo con mi madre, al que yo hoy me esfuerzo por desarticular, entre otras causas.

Así, sostengo también un narcisismo malo producto de retraer mi libido, como consecuencia de la crianza autosuficiente y exigente de mi madre, como así también anulo el deseo del otro e impido la circulación del falo, por la misma razón. Y también ese narcisismo se generó por los rechazos de mi madre para volcar mi libido en ella, sin hacerlo cariñosamente tampoco ella hacia mí.

Otra de las razones que me imposibilitaron la falta de continuidad en la amistad con compañeros, aparte de los impedimentos generados por mi madre al exigirme labores domésticas, fue cierta toxicidad que se generaba en esos vínculos, por la sola frecuencia. Esto me ocurre al día de hoy, y no sólo con amigos, sino también con mis hermanos, madre, etc. La solución para superar este obstáculo es ejercitar la cercanía y lejanía con estas relaciones, trascendiendo dicha toxicidad.

 

Sobre mis esfuerzos por ponerle fe a lo que ya no funciona / Mi posición fálica hacia mi padre / El temor por la desprotección paterna

Es una característica general en mi vida el hecho de ponerle fe a vínculos humanos y actividades que compruebo que ya no funcionan, y esto como identificación con la paciencia y reincidencias que mi mamá tuvo hacia mi padre biológico, hasta comprobar que era imposible cambiar sus miserias y que no le quedaba otra alternativa más que cortar vínculos definitivamente con él.

Históricamente existió en mí una identificación con la posición fálica de la obligación de cargar con el peso de ayudar a mi papá a salir del alcoholismo y a que asuma su rol paterno. A esta posición me identifiqué en la relación con mis vínculos y amigos, y por evitarla, terminé cortando o distanciando mi interacción con ellos. Y también, aparte de esta postura fálica, asumí la posición a la que pretendió reducirme mi padre con sus actitudes, de ser el “niño despreciable que no vale la pena criar”, por lo que no tomé la suficiente iniciativa con mis relaciones afectivas, ni tampoco la permití cuando mis afectos intentaban generarla conmigo. Por ejemplo, me he negado a invitaciones como andar en kayak, que me ha hecho mi hermano Abelardo; o a almuerzos que me propuso mi hermana Dafne o mi amigo Ciro. O he sido indiferente ante regalos de amigos (como el CD de los Beatles que me regaló mi amigo Carlos); o sin acceder a invitaciones de salidas, como la que me hizo Natalia, mi compañera de la secundaria; o todas las propuestas similares de cada una de mis novias.

Las dos conductas fundamentales que me llevaron a mi aislamiento y soledad actual fueron:

 

1)   Asumir la posición de "Irineo, el niño despreciado por su padre, que no puede integrarse”

 

2)    Irineo, el niño autosuficiente que no necesita de nadie, porque así me crió mi mamá, contando con su enorme apoyo.

Paralelamente, existió en mí desde niño un temor profundo por el sentimiento de desprotección paterna que siempre tuve, resultando insuficiente para mí el apoyo y crianza de mi papá Gustavo y de mi mamá. Dicho miedo estuvo siempre en mí y claramente fue traumático, sumado a muchos descuidos que mi madre tuvo hacia mí, y a excesivas obligaciones familiares para las que no siempre contaba con los medios. Por ejemplo al enviarnos solos en colectivo al Rowing Club junto a mi hermana Dafne y mis dos hermanos menores, Manuel y Abelardo, siendo todos muy pequeños, cargando con el peso de los bolsos, caminando los cuatro hasta las paradas de dichos colectivos, exponiéndonos a cruzar calles peligrosas, teniendo yo que asistir a mis hermanos en bañarse en el club, y todas las responsabilidades del cuidado de mis hermanos que recaían sobre mi hermana mayor y sobre mí, que éramos los más grandes, pero con apenas doce y cotorce años, respectivamente; teniendo mis hermanos menores cuatro y siete años. Todo esto ante la ausencia de mi madre y de mi padre.

A este temor a la desprotección también lo padecí en un caso de amenazas de un compañero de otra escuela, en las clases de Educación Física, que estuvo a punto de golpearme, cuando yo tenía once años, sin contarle a mis padres esta situación. O lo sufrí ante situaciones problemáticas que mi madre no evitaba por mí, como enviarme solo a hockey en colectivo perdiéndome en el centro de mi ciudad siendo un niño; o ser el último en copiar las “tareas” del pizarrón a mi cuaderno al final de clases, quedándome solo en el aula, y a sabiendas de mi mamá (que para colmo estaba cerca por ser la Directora de la escuela).

En la actualidad, aquel temor al desamparo se manifestó en la suma de carencias y errores que cometí con todas mis parejas, expresándose como punto culminante con Sofía y mi hijo, en toda la experiencia fallida de la compra y ampliación del hogar familiar que les proveí durante tres años, produciendo históricamente mi falta de aptitud para convivir en familia. Dicho “punto límite” acarreó un desencadenamiento psicosomático de trastorno de ansiedad y punzadas en mi pecho, con una correspondencia entre zonas de destrucción en la imagen del cuerpo y zonas de destrucción en la estructura familiar (tanto por medio de mi padre biológico, como de mi madre). Por lo tanto, una similitud entre los agujeros de la realidad y la falta del Nombre del Padre, o su carencia.  


LIBRO "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO




 

De cómo el amor de mi madre contribuyó a la generación de mi narcisismo

El gran peso que cargué desde el mismo vientre de mi madre fue la creencia y posición de mi padre de ser yo “Irineo, el niño despreciable que no vale la pena criar”, del mismo modo que también trató como despreciable a mi mamá. Ante esta enorme miseria por parte de él, mi mamá tuvo la actitud y me crió con muchos estímulos y autosuficiencia, justamente para no dejarme caer en aquel pozo sombrío.

Paralelamente a ese espíritu autosuficiente y exigente de mi crianza materna, ella nunca permitió la unificación de la corriente cariñosa y sensual de la libido en mí, por lo que tuvo un estilo de poco afecto directo hacia mí, y de excesos de demandas y exigencias, en lugar de crear tiempos de juego, interesarse más por mis sentimientos, dedicar actividades conmigo, etc., incluso desentendiéndose por comodidad de acompañarme en actividades peligrosas (como dejarme solo para ir a vacunarme en el tratamiento semanal que yo debí hacer por mi angina, teniendo que cruzar la peligrosa calle Salta).

Este espíritu de autosuficiencia y desentendimiento de mi madre fue el que generó mi narcisismo y la retracción de la libido sobre mí mismo, creando un egoísmo, sujeto supuesto saber, ensimismamiento, falta de empatía y registro del otro, etc. a lo largo de mi vida. Pero en primer lugar, dicha retracción ocurrió por la ausencia de mi padre desde que nací, ya que ese solo vacío impidió que yo pudiera desarrollar y volcar mi libido en él. Gracias a Dios, los estímulos y la sexualidad que encontré en mi madre, mis abuelos, mi madrina, mis tías y luego en mi papá Gustavo fueron muy sólidos y suficientes para que aquella retracción de la libido no me generara males peores en mi vida.

Los movimientos de la libido son lentos y dificultosos, por lo que generar una constante para volcarla en determinadas personas, es un proceso largo e impredecible con algunos de estos vínculos, ya que el establecimiento de una relación (sea de pareja o de amistad) depende también de las neurosis ajenas.

El movimiento social más grande en mi vida va a suceder con una nueva pareja, y quizás en forma secundaria con amigas y amigos, por la mayor intimidad y cercanía que implica dicha pareja.

El problema con el valiosísimo amor y estímulos de mi mamá para que yo no cayera en la posición miserable de “niño despreciable” a la que pretendió reducirme mi padre, fue que a los logros y frutos de mi vida los obtuve desde el peso de tener que evitar aquel pozo sombrío, y no confiando más en mis propias fuerzas, autoestima y dones. Cuando ese contrapeso negro se volvió muy difícil de sobrellevar, diferentes proyectos fracasaban, o quedaban a medio camino, o sufrían muchos inconvenientes sin dar los mejores resultados.

Así ocurrió con mis bandas de rock, que se fueron reduciendo en miembros a través del tiempo, hasta terminar yo solo con mi perfil de cantautor solista; o con Sofía y David, con quienes no logré convivir y brindarle una crianza más íntegra a mi hijo.

 

Mi culpa por la incapacidad para convivir con mi hijo y su madre

Desde el embarazo de Sofía hasta el día de hoy, en que nuestro hijo tiene cinco años, se produjo un alejamiento mayor en el tiempo, entre mi hijo y yo, producto (entre otras causas), de mi incapacidad histórica para volcar mi libido en otras personas. Esta situación me produce un grado de culpa, porque desnuda mis egoísmos y debilidades, sabiendo que las consecuencias de mis pequeñas lejanías en la crianza de David, aunque pequeñas, no son gratis para él, y lo van a perjudicar a lo largo de su vida.

Sea por la falta de límites cercanos que yo no puedo inculcarle producto de la separación, sea por la falta de juegos personales de los que yo lo privo (ocasionando que él permanezca más volcado a los videos y tecnología digital), sea por cierta castración deficiente que yo tengo hacia Sofía por no ser más mi pareja (situación que también produce que Sofía permanezca más apegada a él y lo domine más), por todas estas razones es que ya le estamos causando un perjuicio con su madre, y yo cargo con mi cuota de responsabilidad.

Existe aparte un perjuicio que le generamos a nuestro hijo con su madre, ya desde el embarazo de Sofía, producto de nuestras discusiones, que es probable que le haya causado la falta de fluidez en el habla que padece. En este sentido, es posible que una separación mía más pronta con Sofía, podría haber disminuido la conflictividad frente a él, tal como ocurrió luego de la firma del convenio de separación. Ahora las discusiones son mucho menos intensas e infrecuentes, y esta decisión tardía de separarnos es otra de las muestras de mi lentitud para realizar el corte de determinados vínculos nocivos que yo dilato en el tiempo. Por ejemplo, con todas mis ex novias yo debí haberme separado mucho antes, y con el arquitecto inepto de la obra en mi hogar, también debí haberme desvinculado con anterioridad.

domingo, 13 de junio de 2021

PROLOGO DEL LIBRO DE MATIAS CASTAGNINO "A LA HUMANIDAD LE QUEDAN 600 AÑOS DE VIDA EN EL PLANETA TIERRA" POR LAUREANO ASOLI

 




PRÓLOGO

Por Laureano Matías Asoli, Rosario, Noviembre de 2020

Este es un libro con muchos lenguajes reflexivos, filosóficos, psicoanalíticos, poéticos, narrativos y musicales.

A lo largo de este libro Matías nos advierte de los peligros que amenazan a la humanidad, pues la evolución del mundo, los avances de un capitalismo cada vez más atroz y el individualismo cada día más pronunciado y presente en el ser humano, llevarán a nuestro planeta a una destrucción total, a una feroz extinción (así como millones de años atrás se extinguieron los dinosaurios) en al menos 600 años:

“Este barco se va hundiendo, y la lenta evolución biológica

del hombre, sumada al desproporcionado desarrollo material

y racional por sobre el espiritual, el consumo salvaje, la destrucción de la naturaleza, la superación de la inteligencia artificial por sobre la humana, parecen condenarnos cada día más al callejón sin salida de nuestra propia extinción”.

Para evitar que esto sea una realidad hay que organizarse para salvar nuestra humanidad, invertir todas las energías y recursos en apoyar avances científicos para habitar otros planetas, además de hacer que el mundo sea cada día más solidario y menos individualista, donde se mida lo micro para dar más valor a la vida y donde no rija el actual sistema basado en la dictadura de los mercados financieros, hacer un mundo nuevo para que la humanidad no se extinga en 600 años:

“Otras predicciones científicas establecen que ya casi

no hay retorno en el camino autodestructivo del hombre,

y que si no se acelera desde ahora la conquista de nuevos

planetas habitables, invirtiendo grandes sumas de dinero

y recursos entre todas las naciones; y si no se desarticula

el sistema mundial de la “financiarizaciòn”

(o la dictadura de los mercados financieros),

reorganizando esos recursos económicos,

si esto no sucede ya mismo, toda la especie

humana se extinguirá en muy poco tiempo”.

Además da su punto de vista sobre la teoría de la relatividad de Einstein, reflexiona Matías que al ir más rápido envejecemos menos ya que el tiempo corre más despacio, es decir la vida va más lenta y nos mantenemos jóvenes:

“La Teoría de la Relatividad nos enseña que a mayor velocidad más lento transcurre el tiempo; por lo tanto menos se envejece cuanto más rápido vamos. La velocidad puede dar juventud. Sólo basta comparar la aceleración que nos mete la tecnología con el aumento de la expectativa de vida en la población. La cuestión es discernir qué es la verdadera velocidad, y cuándo es que ésta se vuelve un espejo ambicioso de barro destructivo”.

A la vez Matías muestra una fuerte influencia del psicoanálisis freudiano, temas tales como la represión, la prohibición, la neurosis, el yo, el ello, el superyó, los sueños, la conciencia, el inconsciente, el aislamiento, el falo, el fantasma fundamental psicológico, etc., están presentes a lo largo del libro y sirven como punto de análisis familiar, personal y social.

También encontramos en esta obra un término vinculado a la filosofía marxista, nos referimos a la alienación, dicha alienación a la que nos lleva el sistema y sus instituciones (“bloque estático de alienación al sistema”) , esa alienación de la que en ratos de ocio el hombre intenta despojarse y despegarse, refugiándose en alguna distracción, en algo que sea una cura y un relajamiento que sirva como salvación y oxígeno para el alma. En este sentido Matías se refugia en el arte, en la creación, en la música, que durante el descanso de las jornadas laborales le sirve como refugio y oxígeno para su vida;  es para él una salida y una liberación de esa cárcel y laberinto alienante de la ciudad y del propio sistema:

“Todo el tiempo creativo nocturno fue el vuelo por mantener

con oxígeno mi vida, y al día de hoy me resta horas de sueño,

con un sopor que me ataca a la hora del almuerzo, cuando

descanso en la jornada de trabajo. Esta creatividad es mi pequeña utopía cotidiana de que mi obra llegue a la mayor cantidad de gente posible, y de lograr salir de la cárcel laberinto de mi ciudad natal, junto a mi familia”.

El talento y la creatividad de Matías parece ser una cuestión de genes, muestra de ello es la serie de poemas titulada: “Cinco Poesías que me dedicó mí Madre durante mi Infancia”, escrito por Roxana Itatí Latorre, madre de Matías Castanigno. Estas poesías son de una belleza y de una sensibilidad que solo una madre puede demostrar hacia su hijo, realmente son versos paridos desde el corazón y es acertado que salgan a la luz en este libro porque la sensibilidad de Matías fue de alguna forma transmitida por su madre desde que fue niño, ese es el origen del vuelo poético que Matías Castagnino expande por los aires y rincones de este libro, en su lírica, su narrativa y sus canciones que de modo alguno descienden de las poesías escritas por su madre:

“Dibujo mil caballos

para mi hijo

y él cabalga

sin montura ni miedo.

Invento mil historias

y él se integra

de la mano de un duende

al mundo nuevo”.

Ese niño que desde los ojos de su madre se integró de la mano de un duende al nuevo mundo, ese niño que desde los ojos spinetteados de su madre fue un bálsamo hermoso para curar todos los males del mundo, hoy ya no es niño y está integrado a este nuevo y viejo mundo y desde su sensibilidad de Niño que Crece nos regala versos maravillosos como:

“La llovizna cubre en un velo de niebla

calles vacías de entonces.

Los primeros cantos de la mañana dan sus aves

sin saber, indiferentes”.

Y como:

“Ventanal entreabierto de tarde lluviosa…gris. Permanece gris.

Los violines silban melodías desde una orquesta comprimida

sobre el roble del anaquel; llenan el aire con gotas de cristal

acompasadas, que explotan y luego son iglúes…Transparencia

flotante en la alfombra líquida; moviéndose hasta estallar con

estrellas, soles, asteroides en colisión”.

Están todos invitados a leer el nuevo libro de Matías Castagnino bajo silbidos de violines que embellecen un mundo que habrá que reinventar para que no se extinga en tan solo 600 años.-


jueves, 3 de junio de 2021

LIBRO: "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO



La posición obsesiva, la anulación del deseo del otro y la reducción a la demanda

En la posición obsesiva se reduce el deseo (tanto propio como del otro) a la demanda, y así todo es necesidad que debe ser cumplida por el yo, con el peso de la obligación que implica una necesidad. Todo lo que hace el sujeto es necesario y le llega al modo de una orden o imperativo ante lo cual entiende que no queda más alternativa que satisfacerlo, obedecerlo y cumplirlo.

Así se obstaculiza la posibilidad de sostener una pregunta más allá de lo considerado “necesario”, es decir, una pregunta respecto del amor y el deseo. (Jorge Fascendini, Fantasma, pág.103)

Yo he ocupado mucho dicha posición obsesiva, como una identificación de esa misma posición sostenida por mi madre. En esa represión al deseo propio y ajeno, interponiendo demandas, subyace una degradación del propio sujeto como objeto amado, que mi mamá sufrió por parte de mi abuela, y yo por parte de mi padre, generando también un alto superyó.

 

Acerca de la circulación del falo y del exceso de castración

La gran problemática mía para prosperar con mis parejas o grupos humanos, fue mi obstaculización para hacer circular el falo, producto del exceso de castración de mi madre hacia mí. Esta obstaculización se caracteriza por la dificultad para aceptar el deseo del otro, y está marcada por la falta de la corriente tierna y sensual de la libido unidas, no unificadas por mi madre hacia mí. También contribuyó a mis fracasos en ciertos vínculos, el narcicismo generado por la introversión de mi libido al no encontrar en mi mamá y mi papá objetos aptos y accesibles de amor. Y el otro factor para dichos fracasos fue la creación de mi ideal del yo como un niño muy autosuficiente, por los estímulos de mi madre, en parte muy buenos para no caer en la creencia y posición de “niño despreciable”, que mi padre biológico sintió hacia mí.

En el caso de mis ex novias, con todas ocurrió el mismo proceso previo a las rupturas: yo impedí la circulación del falo, anulé sus deseos y así ellas gradualmente perdían su interés en mí hasta terminar en la ruptura. Fue por eso que Melania se negó a viajar conmigo a La Rioja o Europa, y ni siquiera me acompañaba o recibía en la terminal de ómnibus, o ni se interesaba por mis experiencias en cada viaje. Igual que con la edición de mis libros, dado que previamente sí me había acompañado con mis shows en vivo, sin sentirse retribuída después por mí ante sus demandas, deseos, etc. Y con Xiomara y Sonsoles ocurrió exactamente lo mismo.

Esta marcha ciega que yo realicé con mis ex novias y grupos, tuvo como fundamento mi narcisismo generado por la retracción de mi libido sobre mis fantasías y mi propio yo, producto del abandono de mi padre, y de que cuando deseaba volcarla hacia afuera, no encontraba suficientemente objetos de amor aptos y accesibles en mi mamá y en mi papá, siendo yo infante. Por esta razón es que fui desde niño grandemente fantaseoso y soñador, y a mis deseos amorosos con mujeres los desarrollaba platónicamente en mis fantasías, pero fracasaban en la realidad cuando realizaba los acercamientos a ellas, sumado a mis inhibiciones por la falta de los “títulos de virilidad en el bolsillo”, que mi padre biológico no permitió con su ausencia.

Con mi nueva pareja, debo generar un espíritu de interacción multiplicador, que sume entusiasmo y fluidez de los deseos mutuos, como el que en un principio asomó con Sofía y no supe sostener. Debo permitir una constante circulación del falo y el deseo de mi novia.

Aún logrando generar una pareja distanciada, con un vínculo de un día por semana, y pudiendo sostener una vida sexual intensa cogiendo con otras mujeres, a la par de la crianza de mi hijo, el cumplimiento de mi trabajo y la creatividad artística, las múltiples relaciones sexuales implican un desgaste que puede perjudicarme directamente la salud, y obstaculizarme esos otros objetivos de mi vida. La clave pasa por sublimar y disminuir la intensidad de las relaciones sexuales, destinando mi tiempo y energía a otras actividades.

Aparte, los vínculos sexuales con mujeres me demostraron que casi con ninguna de ellas logré sostener una amistad a largo plazo, sino que con la mayoría tuve cortes conflictivos. Y uno de los grandes objetivos que tengo en mi vida es justamente lograr mantener relaciones amistosas con gente en general, en forma estable y a largo plazo.

En la raíz de mi narcisismo se encuentran:

1)   La falta de los “títulos de virilidad en el bolsillo” que mi padre biológico no permitió

 

2)   La insuficiencia de los objetos de amor de mi mamá y mi papá Gustavo, que produjo que yo retrotrajera mi libido sobre mí mismo, al no poder volcarla lo suficiente en ellos.

 

Como consecuencia de estas dos causas, durante toda mi vida yo regredí mi libido sobre mí mismo, siendo un gran fantaseador, por ejemplo, sin aprender las habilidades para volcarla sobre diferentes personas.

LIBRO: "LA CURA PSICOLOGICA DE LA NEUROSIS DE IRINEO CROPOSKY (SUS AUTOANALISIS Y TERAPIAS)" - MATIAS CASTAGNINO



 

Las consecuencias del desamparo de mi padre – Retracción de la libido y narcisismo

La gran afectación que sufrió mi autoestima fue producto del desamparo de mi padre desde que nací; con los temores, angustias e inseguridades que me marcaron al día de hoy por no contar con ese apoyo propio de un papá, y el miedo de no poder salir adelante en la vida, siendo que él nos abandonó junto a mi madre y mi hermana como grupo familiar.

Ese temor a “no poder salir adelante” se vio reflejado en múltiples aspectos de mi vida y fracasos, como: mi ineptitud para integrarme en grupos humanos (como mis compañeros de la primaria, o el curso de la secundaria de la que me terminé yendo al terminar mi tercer año, o mis inseguridades para conquistar, cortejar y sostener noviazgos, etc.)

El desamparo doloroso de mi padre produjo que yo sostuviera la creencia de ser débil, estar desprotegido, y ser inepto para determinados desarrollos, y así que retrajera mi libido gradualmente de las personas, y la volcara en mi yo; siendo notable cómo lo hice con el gran acrecentamiento que siempre tuve de mis fantasías, tanto luminosas como oscuras, pero que me perjudicó realizarlo de esa forma. Por ejemplo, con los enamoramientos platónicos que tuve desde mi pubertad, que fracasaban al intentar concretarlo con las mujeres con las que yo fantaseaba. O imaginando grandes peligros cuando en verdad no existen, inhibiéndome en la toma de decisiones.

A la vez, el narcisismo que generé al retrotraer mi libido sobre mis fantasías y objetos, puede ser un mecanismo creado como defensa en mi primer infancia, ante la violencia de mi padre hacia mi madre frente a mis ojos. Yo padezco un malestar histórico por la salida de mi zona de confort y apertura a momentos sociales que implican un vuelco de la libido hacia personas. Este malestar suele ocurrir al generarse encuentros en horarios, lugares o actividades distintas a las que son de rutina. Por ejemplo, al visitarla a mi mamá caminando por la tarde; o al dormir en la semana con mi hijo en la casa de su madre para llevarlo al dentista a la mañana siguiente. Claramente, para ejercitar y crear la red de vínculos sociales que deseo, debo practicar el vuelco de la libido en personas según mis intereses, y sabiendo que toda esta inteligencia social no es un proceso automático ni pronto en el tiempo. Dicha red me va a ser muy útil como oxigenación cuando me ponga de novio, y la vengo cultivando con acercamientos, atenciones (como los saludos para los cumpleaños de amigos) y desarticulación de prejuicios (como hacia mi mamá), desde hace varios años.   

 

Sobre la elección de caminos complicados en mi vida

Históricamente yo he elegido caminos complicados en mi vida, como consecuencia de las sobreexigencias de mis padres desde mi infancia, y en diferentes casos esto me ha traído consecuencias malas. Por ejemplo, la compra del ex hogar familiar proveído a mi hijo, que por lo vieja y abandonada que estaba, me implicó enormes esfuerzos, tiempos, energía, dinero y peligros para refaccionarla y luego para ampliarla.

También esta inclinación por las dificultades es una marca inscripta en mí por el trauma del desprecio y la violencia ejercida por mi padre desde que nací, sobre mi familia; el cual fue la complicación más grande que padecí en mi vida.

Con la elección del arquitecto errado para la ampliación de dicho hogar, y el cambio por el nuevo arquitecto ya conocido por mí, existió una identificación del primero con mi padre biológico, buscando el apoyo que mi papá nunca me dio, y también al ocupar él el lugar de amenaza real con sus fracasos y descuidos que me perjudicaron, y que gracias a mi previsión no fueron mayores. Quizás al segundo arquitecto tendí a identificarlo con mi papá de crianza Gustavo, proyectando en él la salvación que significó de la situación difícil y dolorosa en la que nos encontrábamos junto a mi madre y mi hermana, bajo la amenaza de mi papá biológico.

Estas dos identificaciones sucedieron en el contexto de ser mi madre quien aportó la mayor parte del dinero para la compra, refacción y ampliación de dicho hogar, como protección hacia mí por la situación complicada en la que me encontré al tener un hijo con Sofía, sin saber convivir con ellos y estando obligado a proveerles una casa familiar.

La violencia de mi padre biológico hacia mi madre aún durante su embarazo mío, complicó mi vida con un peso desde antes de nacer. Sin dudas que a esa escena la he repetido a lo largo de toda mi vida hasta el día de hoy, con proyectos e iniciativas que coherentemente debían ser más sencillos de concretar, y al llevarlos a la realidad se complejizaban sin ninguna razón ni posibilidad mía de prevenir tales problemáticas. Por ejemplo: mi carrera universitaria de economista que duraba cinco años, la realicé en diez, por las muchas veces que rendía mal diferentes materias. O con la obra de ampliación del ex hogar familiar, que por los múltiples descuidos del arquitecto se prolongó mucho en el tiempo, me ocasionó afecciones en mis emociones y cuerpo, y se encareció bastante, siendo la demolición del balcón construido por él que no cumplía con las medidas ni con la resistencia reglamentaria, y los pisos inconclusos de colocación, todo un gasto extra que debí afrontar a mi cuenta.

Matías Castagnino